No sé si es por el clima que ha estado muy caluroso últimamente, porque movilizarnos de un punto a otro de la ciudad resulta interminable o porque prácticamente no hay un lugar en donde uno se pueda sentir seguro en Guatemala, que los chapines nos hemos vuelto muy nerviosos, por cualquier cosa reventamos, sale a relucir tremendo pistolón o le mentamos toda la parentela a aquellos funcionarios que se comportan siempre muy «tranquilos», viendo las cosas con objetividad, madurez y una calma digna del célebre cirujano cardiovascular, ahora candidato vicepresidencial en la contienda electoral del mes de septiembre del presente año.
¡No, hombre! Hay que tomar las cosas con calma. Así como lo hace nuestro presidente, que responde con toda tranquilidad ante la crisis que la mayoría vivimos por ver que el galón de combustible alcanza o sobrepasa los 30 quetzales. Su respuesta, digna de todo un «estadista», es decirle a la población que tenga calma, recomendando ahorrar gasolina, caminar, utilizar el «magnífico» transporte público del que ahora disfrutamos gracias a sus denodados esfuerzos en el Palacio de la Loba, ahora oculto entre el mamarracho de estructura metálica que sirve de terminal para el Transmetro.
Claro, si usted fuera presidente, se le estaría cayendo la cara de la vergí¼enza si mucha de la obra pública, tantas veces publicitada con la más grande campaña propagandística de todos los tiempos, se estuviera cayendo en pedazos. Entiendo que usted se altere cuando después de tanta crisis, colapso, paro y pésimo servicio hospitalario por falta de personal, equipo e insumos volviera a surgir en el San Juan de Dios y tantos hospitales más en donde hasta las mismas «lavanderías» siguen siendo unas cochinadas. Pero no para nuestro presidente, él es tan mesurado, tan tranquilo, que no le inmuta que una carretera o un puente se caiga en pedazos de la noche a la mañana porque la obra pública se hizo a la brava, sin la planificación ni la supervisión debidas.
De ahí que nuestro comentario vaya dirigido a todo aquel chapín que siente que entre sus venas le hierve la sangre cada vez que aquella promesa de traer a Portillo del pescuezo para someterlo a nuestro «eficaz» sistema judicial, se haga cada vez más difícil si no imposible. No por favor, tome en cuenta que nadie se muere en la víspera, que no hay de qué preocuparse si al propio gerente del IGSS lo estén acusando de robo; si los teléfonos celulares los tomen prestados ante los ojos de las patrullas combinadas o porque sean «rehabilitados» tan rápido y eficazmente que ya diera el monopolio telefónico servir de igual manera a la población, aunque cobre por llamadas que usted nunca hizo. No, cálmese, tranquilícese por favor, que hoyos aparecen en la tierra por todo el mundo.