El poder de la mentira


El fin de semana pasado estuve con mi esposa en algunos municipios del Departamento de Guatemala; nos dimos cuenta que la campaña electoral arrancó con fuerza extraordinaria y que es ostensible el gasto de dinero en publicidad o promoción polí­tica de los partidos polí­ticos en la contienda.

Fernando Mollinedo

El despliegue de activistas es impresionante, la movilización en vehí­culos para repartir gorras, gabachas, cuadernos, calendarios y playeras conlleva un gasto de combustible sumamente alto; y los altoparlantes a todo volumen hacen que la paz y tranquilidad de los pueblos se vea alborotada con una sarta de promesas incumplibles.

Las falacias están a la orden del dí­a; prometen PAZ, SEGURIDAD, EDUCACIí“N, MEJOR CALIDAD DE VIDA, NO MAS IMPUESTOS, HONRADEZ y EMPLEO para toda la población. ¿Será posible tanta belleza de chulada? ¿O son puras mentiras, de las más burdas y baratas? Hasta ahora ninguno de los candidatos/as ha presentado un plan de gobierno que pudiese satisfacer las necesidades polí­ticas, sociales y económicas de la población.

Presentar un plan de Gobierno para que el pueblo lo conozca y así­ pueda entender las medidas económicas, sociales y polí­ticas que se van a tomar durante la administración gubernamental, ESO SERíA LO CORRECTO, pero ya nos están inundando con canciones parodiadas de grupos de música mexicana ranchera norteña, de Chente Fernández, «sacaremos a ese buey de la barranca», «sigo siendo el rey» y otras a cuales más estridentes. En los municipios visitados por razones de trabajo profesional se nota la falta de información polí­tica acerca de cada partido; la gente en su mayorí­a no sabe ni siquiera quiénes son los candidatos a diputados, ni qué es lo que ofrecen para el desarrollo humano y económico de su población.

Por supuesto que ahora comenzó la propaganda y tratarán de llevar el mensaje a toda la población; PERO… ese debió haber sido un trabajo de concientización a realizar durante los cuatro años anteriores; o por lo menos dos, para que las personas votantes tuvieran definido su voto por la «plataforma ideológica» que les pareciera mejor. Respecto de los candidatos a diputados, hay gente con experiencia administrativa, porque han servido algunos puestos públicos; otros que ni siquiera saben qué se hace en el Congreso y también hay personas que figuran sólo porque aportaron una buena cantidad de dinero para la campaña, entre ellos algunos «hijos de papi» que sólo conocen la Zona Viva y sus placeres.

DE FONDO, EN DOS PLATOS: el voto rural podrí­a manejarse -otra vez- por la efectividad de las «canciones» arregladas incluso para sacar a colación los defectos de los otros candidatos. En manos de esos ignorantes, petulantes y pretenciosos candidatos estará el futuro legal de Guatemala, porque se supone que ellos harán las leyes en la próxima legislatura.