Banex y G T


Hace 21 años, cuando yo tení­a fábrica de ropa confeccionada para mercadearla en la República de Guatemala y para exportación, antes de que el contrabando abierto se acuartelara en «El pueblito», donde persiste y, antes de que llegaran las «pacas», abrí­ una cuenta personal en el recién abierto Banco de Exportación ?Banex-, de los Botrán, fabricantes de aguardiente en Guatemala.

Roberto Arias

Por el hecho de haber abierto la cuenta monetaria el primer o segundo dí­a de la apertura del banco, supongo que por correlatividad, se me asignó un número de cuenta que está entre el 300 y 320 en la agencia central, en la Avenida de La Reforma, única agencia entonces.

Mi cuenta durante todos estos años ha sido una cuenta limpia, como las que tengo o tuve en otros bancos. Me he sentido orgulloso de ser uno de los clientes pioneros en un banco que levantó vuelo y logró sostener una imagen de solidez y de buena atención al público, salvo por uno que otro empleado y el abuso de la policí­a privada que tení­an o que tienen a su servicio.

El Banex es un banco que nunca fue asaltado en agencia alguna, mientras Bancafé y otros eran constantemente «asaltados», aunque es vox populi que no se trató más que de autoasaltos, donde tienen profundamente metidas las manos personas que pertenecen, de alguna manera, a esos cerrados cí­rculos monetarios.

El Banex, en términos generales, a decir de amigos que fueron clientes de ellos, fue un banco mejor que peor. El Banex, por las razones que sean, fue comprado, adquirido, fusionado o como el lector quiera concebirlo, por el Banco Granai Townson, más conocido como el G T Continental.

Hace poco menos de un mes recibí­ la cordial, pero frí­a, llamada del Banex en donde se me «informaba» que el número de mi cuenta serí­a cancelado y se me asignarí­a otro número, por ser coincidente con el mismo número en una cuenta del G T. Respondí­ a la joven voz que me hablaba y le dije que yo esto no lo aceptaba, en primer lugar porque no estamos jugando canicas, en segundo lugar porque los cuentahabientes no somos peones a quienes se les quita arbitrariamente un número, en tercer lugar que quizás sólo en la Rusia comunista se le podí­a tratar así­ a un ciudadano en un banco, pero no así­ en un paí­s supuestamente democrático en donde, también supuestamente, se respeta la dignidad del ciudadano y sus derechos constitucionales, etcétera y, en cuarto lugar, en otros paí­ses del mundo existe en ese tipo de instituciones un grado que en inglés se denomina Seniority ?antigí¼edad-, el cual le da al cuentahabiente un nivel de respeto institucional y un historial o récord que le respalda ante otras entidades comerciales o financieras.

Es decir, de un plumazo las cúpulas económicas, los dueños de Guatemala me quitan el respaldo que he labrado en ese banco durante 21 años más o menos, me asignan otro número de cuenta y a comenzar con el cheque número uno en un banco que no me agrada por sus polí­ticas frí­as, prepotentes y abusivas, como es el G T. ¿Y mis derechos de antigí¼edad adquiridos a pulso durante toda esa cantidad de años?

Personalmente puedo berrinchar, tirarme al piso, zapatear, gritar y, el número de cuenta lo cambiarán. Los derechos adquiridos como iniciativa privada que soy, me son conculcados por los banqueros ¿¡Qué tal la vida en Guatemala donde todos ganamos!?