íšnica posibilidad de la dividida izquierda


Una de las mujeres más valiosas de la polí­tica guatemalteca es la diputada Nineth Montenegro. Lo afirmo con certeza, pese a que ocasionalmente la he criticado, sobre todo cuando corrió el insistente rumor de que habrí­a recibido financiamiento del empresario y presentador televisivo Dionisio Gutiérrez.

Eduardo Villatoro

Recuerdo vivamente a la entonces activista social Montenegro encabezando marchas o plantones de familiares de asesinados o desaparecidos por los gobiernos represivos, con mucho más valor y entereza que decenas de hombres que perdimos familiares cercanos durante la guerra interna, cuando seres queridos fueron ví­ctimas de la insania militar.

Sirva esta introducción para referirme reiterativamente a las divisiones y hasta enfrentamientos retóricos entre corrientes de izquierda, reflejada en la postulación de tres candidaturas presidenciales, a sabiendas que separadamente ninguna de las esas plataformas logrará su objetivo, y las organizaciones URNG y Alianza Nueva Nación corren el riesgo de perder su calidad de partidos polí­ticos si no obtienen el mí­nimo de votos que estipula la Ley Electoral.

Si todaví­a fuera posible, lo mejor que pudiera ocurrir es que los presidenciables Pablo Monsanto y Miguel íngel Sandoval declinasen sus legí­timas, pero vanas aspiraciones para apoyar la candidatura de la señora Rigoberta Menchú, no obstante que las tres corrientes ya se comprometieron con dirigentes o activistas que aspiran a una diputación.

Sospecho que tanto Sandoval como Monsanto aún tienen un poco de sensatez como para comprender que no alcanzarán sus objetivos, mientras que la Premio Nobel de la Paz podrí­a pasar a la segunda ronda si se unifican las fuerzas progresistas, populistas o como se les quiera denominar. Sin embargo, estoy consciente de que esta propuesta podrí­a considerarse como un episodio de delirio, en vista de que si algo caracteriza a la izquierda guatemalteca es su obstinación e individualismo, impropio del pensamiento colectivista.

Y si me he referido a la diputada Montenegro de entrada, es porque ya ha anunciado con demasiado entusiasmo futurista que se propone figurar como candidata presidencial para las elecciones de 2011, lo que confirma lo que ella misma y la señora Menchú han declarado, en el sentido de la actual alianza entre Encuentro por Guatemala y Winaq es coyuntural, es decir, ambas organizaciones permanecerán unidas únicamente mientras se desarrolla el proceso electoral, y de ahí­ en adelante cada quien por su camino.

Esas aseveraciones ahondan más las discrepancias entre las fuerzas de la izquierda y centro izquierda, porque si persiste -como es casi seguro- la división electoral, lo más probable es que doña Rigoberta no alcanzará la Presidencia de la República y ni siquiera podrí­a disputarla en una segunda ronda, ante la dispersión del electorado progresista.

Es de imaginarse la fragmentación más profunda entre los diputados de la izquierda y centro izquierda que logren alcanzar el triunfo, comenzando por las eventuales rivalidades entre los congresistas de EG y los parlamentarios de Winaq; a las que se sumarí­an las minúsculas fracciones de la ANN y la URNG/Maí­z, si es que, tal como se presenta el panorama, pueden colocar un diputado en la próxima legislatura.

Al desalentador horizonte de las corrientes progresistas se adiciona el hecho de que, hasta el momento, la Premio Nobel de la Paz no ha logrado aglutinar en torno suyo a todos los grupos étnicos de ascendencia maya, como se presumí­a inicialmente, y tampoco han acudido en masa a su llamado las organizaciones populares y sindicalistas, desvaneciéndose su exageradamente optimista declaración formulada en Europa, cuando aseguró que el 75% de los guatemaltecos apoyaban su candidatura presidencial.

Además, no pasa inadvertido el contenido de entrevistas publicadas por varios medios, porque ha dejado traslucir que carece de una visión de alguien que aspire a gobernar una nación tan compleja y con una variedad de graves problemas sociales y económicos como Guatemala.

Con todas las debilidades esbozadas y otras más, empero, estimo que la única opción que tiene la izquierda es abandonar su división y unificarse tras la candidatura de la Premio Nobel, y en ese empeño la diputada Montenegro tendrí­a una significativa función que desempeñar. Por aparte, nada cuesta soñar.

(Un deprimido candidato presidencial que aparece a la zaga de las encuestas consulta al psiquiatra Romualdo Froy, a quien le revela al final de la primera cita: Doctor, tengo tendencias suicidas y homicidas ¿qué hago? El analista clí­nico responde: Antes que nada, págueme por adelantado).