El origen espurio de la relación


En 1960, en el marco de la Guerra Frí­a y cuando Guatemala era gobernada por Miguel Ydí­goras Fuentes, quien poco tiempo después permitió que en nuestro paí­s se entrenara al contingente destinado a desembarcar en Bahí­a de Cochinos para atacar a Castro en Cuba, se establecieron relaciones diplomáticas con la llamada República de China, hoy conocida como Taiwán, fundada por Chiang Kai-shek luego del triunfo de Mao Tse-tung al establecer la República Popular de China. Hay que recordar que en Guatemala se habí­a producido seis años antes de ese establecimiento de relaciones diplomáticas la intervención militar norteamericana que derrocó a Arbenz y el paí­s viví­a profundamente afectado por los efectos del conflicto Este-Oeste.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Actualmente hay 24 paí­ses del mundo que mantienen relaciones con Taiwán, destacando entre ellos Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Panamá. Costa Rica recién esta semana estableció relaciones con China, sumándose a la creciente tendencia mundial que apunta a entender que el creciente poderí­o de Pekí­n, marcado por el crecimiento económico, terminará imponiendo tarde o temprano el destino de Taiwán que, en el plano internacional, subsiste por el respaldo de esas 24 naciones con las que tiene relación.

Eso explica por qué el gobierno de Taiwán es tan dadivoso con los gobiernos, los polí­ticos y los grupos de influencia en todos y cada uno de esos 24 paí­ses, puesto que perderlos puede significar la reducción de su crisis a un problema puramente territorial de carácter interno con China, sin las caracterí­sticas de conflicto internacional que ahora tiene el tema. No es poca cosa lo que está en juego y por lo tanto no hay que sorprenderse tanto de los sobornos en que ha incurrido la cancillerí­a al enviar desde Taipei cheques que van a parar directamente al bolsillo de muchos dirigentes de esas pequeñas naciones que sirven tan diligentemente a los intereses taiwaneses.

El caso de Costa Rica puede tener efecto dominó en la región, sobre todo porque Panamá tiene una postura más abierta y pragmática y Nicaragua, bajo el gobierno de Ortega, parece cada vez más inclinada a trabajar cosas conjuntamente con Venezuela. Guatemala se convierte así­ en el gran reducto que Taiwán tiene que cuidar a toda costa, porque si este paí­s abandona a los otros veinticuatro que mantienen relaciones diplomáticas, sin duda que el golpe serí­a tremendo. Preocupa, sin embargo, ver que los tres candidatos que encabezan las encuestas sean tan rápidos para anunciar que están amarrados con Taiwán, sobre todo si recordamos los cheques recibidos por Portillo y que esa práctica ha sido utilizada en todos lados. En Costa Rica la ruptura se vio facilitada, cuando menos, por el escándalo de los sobornos taiwaneses a quienes ocuparon la presidencia de ese paí­s y sirvió a í“scar Arias para demostrar que él no estaba comprometido mediante la compra de voluntades. Es más, los famosos programas de cooperación que estaban vigentes y que representaban varios millones de dólares para los ticos, quedaron inmediatamente suspendidos, con lo que cesó el soborno a los polí­ticos y el soborno al Estado.

¿Cree algún guatemalteco que la tendencia se va a revertir y que crecerá el número de paí­ses que apoyan a Taiwán frente a una China que cada dí­a es más fuerte comercialmente y se convierte en un mercado tan interesante y atractivo? Terminada la guerra frí­a y viendo que ahora los gringos son los principales socios de China, estamos siendo junto al Vaticano, literalmente hablando, más papistas que el Papa.