«No hay nada más potente que una idea cuando llega el momento oportuno».
Ricardo Lagos, ex presidente de Chile.
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Que el Estado, por mandato constitucional, sea el garante de la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo integral de la persona, así como la realización del bien común, es un aspecto que poco ha importado al sector empresarial del país, que varias acciones ha realizado para debilitarlo y reducirlo a su mínima expresión.
Bajo la panacea de la competitividad el actual gobierno decidió cambiar, en principio, los objetivos educativos por competencias curriculares, a través de las cuales desde los primeros años de la infancia al ser humano se le adiestra para iniciar una lucha encarnizada en donde la mayoría no logrará llegar a la meta.
Y es que varios se han adelantado al disparo de arranque. ¿Estrategia? No, solamente desigualdad.
Ayer, durante un foro organizado por la Universidad de San Carlos y la Cámara de Industria, el ex presidente chileno, Ricardo Lagos, se refirió a una competitividad de Estado que buenos resultados ha tenido en su país.
Guatemala y Chile comparten varios aspectos históricos, políticos y sociales: un territorio conquistado por las huestes españolas, la colonización con un despojo desmedido de sus recursos naturales y la explotación de su población nativa, un gobierno progresista derrocado bajo las órdenes de la CIA, varios años de dictadura militar que cobró la vida de miles de personas y finalmente, la implementación de políticas económicas dictadas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
Actualmente, Chile se posiciona como uno de los países más avanzados de la región, mientras Guatemala se ha quedado rezagada y la mayoría de su población se encuentra sumida en la miseria.
Las diferencias resultan de las decisiones que los últimos gobiernos han implementado en el país sudamericano. Bajo las teorías socialistas, Chile se preparó para competir en un mundo globalizado al concebir la competitividad como un recurso para la mejora del mercado.
Pero lo más importante, según expuso Lagos, fue la formación ciudadana para la construcción de una verdadera sociedad, y esto sólo puede lograrse cuando se garantiza a toda la población el acceso a los servicios básicos.
«No hay nada más potente que una idea cuando llega el momento oportuno», aseguró Lagos durante el foro. Sin embargo, la equitativa distribución de la riqueza es una idea que no tiene oportunidad para el sector empresarial, quienes proponen la competitividad con serios obstáculos para la población como la flexibilidad laboral, la privatización de los servicios públicos, el desmantelamiento del Estado y una carga tributaria regresiva.
En Guatemala, el principal problema para un verdadero desarrollo es la concentración de la riqueza en pocas manos y la multiplicación de las bocas que se quedan sin comer mientras pocos se sacian hasta la indigestión.