En reivindicación del vilipendiado populismo


Durante un debate acerca de las nuevas formas polí­ticas que surgen en Latinoamérica, celebrado la semana anterior en Buenos Aires, especialistas de la región expusieron sus ideas en el seminario «Izquierda, populismo y democracia en Argentina e Iberoamérica».

Eduardo Villatoro

Como es imposible resumir en este espacio las exposiciones en torno a la diversidad de aspectos polí­ticos abordados, en aprecio a mis contados lectores intentaré condensar los conceptos vertidos sobre el vilipendiado populismo, que a juicio del filósofo argentino Ernesto Laclau es una forma de construcción polí­tica legí­tima que ha pretendido desacreditar el discurso derechista que rechaza la movilización popular.

«No es un concepto peyorativo y no debe ser asimilado a demagogia», precisa el profesor de la célebre universidad de Essex y autor del libro «La razón populista», aseverando que el populismo no es bueno ni malo porque resulta de un proceso que incluye demandas sociales insatisfechas, generalmente interpretadas por un lí­der que simboliza esos reclamos.

De esa cuenta, el populismo puede adquirir, incluso, formas derechistas, como el caso del presidente colombiano ílvaro Uribe, quien unificó las demandas de orden social; o de izquierda, como ocurre en Venezuela con el mandatario Hugo Chávez; pero no es un peligro para la democracia -advierte-, sino que el peligro es el neoliberalismo.

Por su parte, el sociólogo argentino Marcos Novaro, profesor de la Universidad de Buenos Aires, expone que existen dos modelos definidos de la corriente izquierdista en Latinoamérica. Uno de ellos lo encabeza el presidente Chávez, que «es populista, antiliberal, estatista y antiestadounidense», y el más moderado, que enarbola la presidenta chilena Michelle Bachelet, mientras que entre ambos ubica al gobierno del presidente argentino Néstor Kirchner, quien se muestra equidistante de estos dos modelos, aunque con rasgos populistas.

Por su parte, el politólogo uruguayo Jorge Lanzaro define el momento histórico de la región como una «tercera ola» de la izquierda latinoamericana con modelos que van del populismo a la socialdemocracia, además de un tercer modelo progresista basado en partidos de tradición nacional y popular. Esta nueva tendencia -puntualiza- obliga a renovar la discusión teórica, a reelaborar conceptos y a proponer una nueva tipologí­a.

De todas maneras, el nuevo ciclo de Latinoamérica está marcado por un giro a la izquierda, que abre un abanico de manifestaciones, y se compone con una serie importante de gobiernos que se sitúan entre las formas renovadas del populismo y el debut de la socialdemocracia criolla.

En este sentido, el malestar por el fiasco neoliberal fue utilizado en algunos paí­ses por la izquierda, al haber canalizado las demandas, como son los casos de Uruguay, donde gobierna la coalición del Frente Amplio integrado por sectores procedentes de las más variadas corrientes de ese pensamiento, o de Brasil, con el Partido de los Trabajadores, y de Chile, con un gobierno coaligado por socialistas y democristianos.

Pero en los paí­ses donde no habí­a una tradición de partidos progresistas, o en aquellos en los que esos colectivos colapsaron o quedaron desdibujadas por la ola neoliberal, tuvo más posibilidades de prosperar el liderazgo populista, explica Laclau, quien admite que «el populismo tiene mala prensa» en América del Sur, atribuyendo ese descrédito al discurso derechista que teme a la politización de las demandas. Y eso que no está enterado de lo que ocurre en Guatemala, donde hasta dirigentes izquierdistas le tienen pavor a que editorialistas y columnistas neoliberales los califiquen de populistas.

El académico anota que tras la frustración que provocó el neoliberalismo, la movilización social contribuyó al surgimiento de populismos de izquierda en Venezuela, Bolivia y Ecuador, que representan la ruptura con lo establecido y que pueden ser la base de una nueva inserción latinoamericana en el mundo.

Al respecto, conviene a las corrientes de izquierda de Guatemala, en sus diferentes modalidades, estudiar con seriedad y rigor académico el populismo, a fin de que tengan respuestas a la retórica agresiva de la derecha, y quizá así­ puedan unificar criterios las fuerzas que representan las organizaciones Alianza Nueva Nación, Maí­z/URNG, Encuentro por Guatemala y Winaq, de la señora Menchú. (Más información en www.ipsnoticias.net)

(El populista Romualdo Chisniega me plantea: -¿Viste en la tele la caca de un pájaro que cayó sobre el saco del presidente Bush? Pues fijate vos que los neoliberales del Pentágono acusan a Chávez de provocar este conato de atentado terrorista).