Al considerar el hecho como un acto de criminalidad cotidiano el MP demostró nuevamente su incapacidad para llamar a las cosas por su nombre.
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Juana, indígena quiché de 42 años, analfabeta y madre de 11 niños, fue maltratada, violada sexualmente, insultada y humillada por agentes de la PNC dentro de la Comisaría de Nebaj.
Sin el menor conocimiento de sus derechos la retuvieron durante varios días para rendir declaración ante un juez.
Los guardias que la custodiaban aprovecharon la espera. A punta de pistola la obligaron a desnudarse y mientras recibía insultos y burlas por parte de varios agentes, fue violada sexualmente. Al finalizar el acto, le exigieron que caminara desnuda por varios de los pasillos del lugar.
Juana dejó por un lado el silencio. Al día siguiente, cuando fue recibida por un juez, contó todo lo que había pasado. Identificó a dos de sus agresores, los policías Nery Aldana y Rutilio Matías. Varios testigos confirmaron su versión.
Los hechos ocurrieron en enero de 2005 y fue hasta esta semana cuando el Ministerio Público terminó con la investigación y decidió sobre el caso: se continuará el proceso contra los dos policías por los delitos de violación sexual y abuso de autoridad. A pesar que cuenta con todas las características, el hecho no fue catalogado como un acto de tortura.
De acuerdo con una investigación del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala el 72% de las mujeres que son detenidas sufren algún tipo de abuso por los agentes de seguridad; el 25% han sufrido de abusos sexuales.
La convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos y degradantes, ratificado por el Estado de Guatemala, señala como «tortura» todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves… por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas? o con su consentimiento.
Al considerar el hecho como un acto de criminalidad cotidiano el MP demostró nuevamente su incapacidad para llamar a las cosas por su nombre. Hizo gala de su mala reputación como investigador y garante de la justicia.
Este hecho es un reflejo del deterioro del sistema y de la política del actual gobierno que prefiere guardar silencio ante la impunidad que golpea al país. Más bien se mofa, como lo demostró el presidente í“scar Berger cuando aseguró que vamos avanzando en materia de seguridad, a pesar de los altos índices de criminalidad que se reportan en el país.
Aquí no gana nadie. Juana se atrevió a contar lo que había pasado y sentó un precedente al lograr que su caso fuera el primero en avanzar. Pero quienes dominan al Estado y buscan su debilitamiento, obligan a las mujeres y a otros sectores marginados de la sociedad a soportar cualquier tipo de violación, a guardar silencio y a no creer en la justicia.