Como quien no dice nada, estamos apenas a ocho meses de cantarle Las Golondrinas a don í“scar y compañeros. Es una lástima que sus cuatro años de gobierno se hayan pasado volando sin haber tocado siquiera aquellos asuntos que con buena lógica y raciocinio, muy bien sus nombres se hayan podido quedar grabados en la historia como el equipo de trabajo que hizo cambios, logros y realizaciones, lo que muy pocos presidentes han podido hacer para futuras generaciones. Para mí, haber hecho lo mismo de sus antecesores no tiene ningún mérito. Por ello exclamo: «Â¡A buena hora!» cuando veo que quieren aparentar buenos deseos por corregir tremendas barbaridades que se han venido cometiendo a través del tiempo.
¿Qué le parece a usted, estimado lector, que la Contraloría General de Cuentas ¡a buena hora! se le ocurre proponer una ley para auditar fondos públicos en organizaciones nacionales e internacionales? ¿Cuántas veces la población no ha clamado porque esos miles de millones de quetzales se hayan estado manejando por este gobierno, el que entró vestido de Primera Comunión para decir que todo lo haría con absoluta transparencia, cuando han permitido que el PNUD, la OIM o la OACI hagan micos y pericos con dichos fondos públicos?
Así como se oye. Por favor, no nos salgan con cuentos de la Caperucita Roja a estas alturas. En este gobierno, igual que los anteriores, siempre se impidió la fiscalización y la auditoría de los recursos provenientes del pueblo y sus amigos. Es muy tarde entonces, para estar creyendo a estas alturas en más cantos de sirenas. Como también es tardísimo venir a reconocer, a ocho meses de irse a disfrutar de la vida con los bolsillos bien llenos, que los presidios del país están en «colapso total». Estos, ¡nunca!, ¡jamás!, desde que por razones de estudios tuve el desagrado de conocer la triste Penitenciaría Central, allá por los finales de los años 50, han tenido la indispensable infraestructura para «albergar» a tantos reos. ¿Qué tal si allí estuvieran todos los que no están, pero que de sobra merecen estar?
Por otra parte, ¿no es una barbaridad que, a buena hora, el Ministerio Público hable de que el contrabando afecta las fronteras de nuestro país? Cuando este delito se ha venido practicando en las propias narices de las autoridades desde tiempos inmemoriales. Entonces, ¿cómo es que anuncian el mentado plan «Puerto Seguro? que busca instalar cámaras, talanqueras y hasta «garras de tigre» accionadas por un sistema informático y demás controles electrónicos con los más avanzados adelantos de la ciencias para combatir la corrupción, si adentro y a pocos pasos de las oficinas gubernamentales el producto de ésta y del contrabando siga brillando en todo su esplendor?