El magisterio, la última trinchera


Observando objetivamente la movilización de los maestros en pro de mejoras a la educación y de mejoras a sus derechos, se cae en la cuenta que el magisterio es la última trinchera en contra de la neoliberalización definitiva del Estado.

Luis Zurita

Las izquierdas polí­ticas aunque mantengan un discurso revolucionario, hace varios años que capitularon desde el punto de vista organizativo. Su influencia real en el proceso polí­tico es muy débil y, como contenedor del avance neoliberal, poca capacidad tienen para apuntalar la lucha por el bien común. Divididas como están, nada pueden hacer ante el avance neoliberal. Tan cierto que no están involucrados en la lucha magisterial, donde deberí­an participar como lí­nea de orientación polí­tico ideológica, al menos para que estos procesos de resistencia no se realicen aisladamente.

Los médicos, a pesar de estar conscientes de la precariedad del servicio de salud, su status pequeño burgués (más por razones culturales que por razones económicas) les impide ir hasta las últimas consecuencias en pro de una lucha real por mejorar el sistema de salud nacional. Sus propuestas, por demás, son cortoplacistas. No se enfocan en un proyecto de fondo, como pudiera ser la conformación de un sistema único de salud que supere al anacrónico e injusto sistema actual. Un sistema que integre los objetivos preventivos con la cobertura universal del servicio de salud y seguridad social (como el modelo costarricense, por ejemplo). Tan cierto que la problemática magisterial les viene del norte, cuando que las causales que han deteriorado el sistema de salud y el de seguridad social son las mismas que han deteriorado el sistema educativo. Aislados poco podrán lograr.

LA ACTUAL LUCHA MAGISTERIAL ES UN PROBLEMA DE TODOS. O NOS INVOLUCRAMOS O LO PAGAREMOS CON MíS EXCLUSIí“N.

Este análisis podrí­ase aplicar al movimiento estudiantil universitario o a las unidades académicas universitarias, particularmente las facultades de salud y de humanidades, que nunca dicen «Esta boca es mí­a». ¡Cuánto podrí­an orientar si tuvieran una brújula polí­tica progresista!

El movimiento sindical en general se muestra indiferente. No se involucra, como si la demanda de buen servicio de salud y mejor educación pública y gratuita no tuviera que ver con ellos.

La lucha por la democracia integral pasa por dos acciones concretas. La polí­tica de la crí­tica y la crí­tica de la polí­tica. La primera es responsabilidad de las organizaciones polí­ticas. La segunda es tarea del movimiento social.

Dado que la educación es el segundo sol del ser humano, quien controle el sistema educativo controlará la conciencia nacional. Perder de vista este fenómeno o no interpretarlo en su verdadera dimensión es cuestión de vida o muerte para el proceso de democratización nacional, para la construcción de un proyecto de Nación incluyente y para la instauración de un Estado de Derecho en donde nadie se quede atrás de los demás.

La actual lucha magisterial es un problema de todos. O nos involucramos o lo pagaremos con más exclusión?