R E A L I D A R I O (DLXVII)


Observadores abstencionistas. En Abstencionistas Anónimos, entre otras actividades propias del magno acontecimiento cuatrienal, tenemos programado delegar a 50 abstencionistas de reconocida madurez polí­tica como observadores del proceso electoral, quienes observarán todo lo observable que haya de ser observado con algún detenimiento. Claro que nuestros observadores voluntarios, agotada ya su capacidad de asombro en materia electorera, no esperan encontrar nada anormal ni sorprendente o que altere la rutina de la bien o mal montada farsa seudodemocrática a que estamos acostumbrados quienes tenemos más de medio siglo de vida y hemos sufrido al menos seis (6) gobiernos constitucionales. En Abstencionistas Anónimos únicamente queremos y esperamos verificar, corroborar y confirmar, mediante lo observado las ví­speras y el dí­a de las elecciones generales y coroneles, todo el bagaje teórico y experimental que hemos acumulado a lo largo de dos décadas. Para una mejor captación y asimilación, nuestros observadores examinarán, contemplarán y estudiarán el proceso electorero mediante un riguroso y discreto anonimato, según acostumbramos.

René Leiva

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De gallinas a millones. De acuerdo con las estadí­sticas, mientras el robo de gallinas ha disminuido casi a cero, la apropiación indebida de millones (quetzales o dólares) ha aumentado al punto de romper marca o récord (para beneplácito, satisfacción y tranquilidad de mi amiga la gallina, dicho sea de pasada y entre paréntesis). Y esto tiene su explicación en que el robo de gallinas casi siempre es penado con 20 o 30 años de prisión inconmutables, e incluso algunos sectores conservadores piden la pena de muerte o varias canas perpetuas por semejante delito rayano en el crimen atroz. En tanto que el adueñarse de una fortuna en billetes de banco, además de gozar de antejuicios y medidas prostitutivas, es visto como una envidiable hazaña digna de imitarse. Pero no es que quienes robaban gallinas se hayan decidido a trasladar sus apetencias en el apoderamiento de millones en pisto contante y sonante, porque de ninguna manera son los mismos. El romántico ladrón de gallinas ha sido disuadido por el enorme operativo policial, con el apoyo del Ejército, que se monta para atraparlo, vivo o muerto; en tanto que el usurpador de millones es tratado con todo tipo de consideraciones, deferencias y miramientos por parte de la policí­a, fiscales del glorioso Ministerio Público y jueces más o menos competentes. De ahí­ que si a mediados del siglo pasado los ladrones de gallinas se contaban por varios miles, aunque la mayorí­a eran circunstanciales o empí­ricos, hoy no llegan ni al 0.0001% de la población económicamente activa; en tanto que sustractores de millones, sea en el Estado o en bancos y financieras, se cuentan ya por varios cientos, entre los nuevos ricos, adscritos a la influyente Asociación de Amigos de lo Ajeno. Dicho de manera sencilla y comprensible, para robarse una gallina no es necesario sacar un tí­tulo universitario, ser miembro fundador de un partido polí­tico o de un banco (del sistema), u ostentar un alto rango en el glorioso Ejército. En resumen, robarse a mi amiga la gallina no es rentable, desde ningún punto de vista. Para eso están los millones.

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Petate reciclado. Agradezco a Uaio Romualdo Biatoro Señorial -filántropo y doctor en petatologí­a comparada- el gesto de enviarme un bonito y útil petate para caer tieso, pero ante ciertas dudas amargas, pero razonables y luego de riguroso análisis de laboratorio mediante el carbono 14, resulta que ajá, en efecto, dicho petate es una especie de palimpsesto funéreo, ya que por lo menos una media docena de cristianos han tenido a bien caer en él, en ese petate, lo cual no deja de ser inquietante para alguien que, como yo, se pasa toda la vida deseando estrenar siquiera eso, un petate nuevo precisamente, y no uno de sexta y hasta de séptima mano, como éste que me donara Uaio, pues al fin y al cabo la caí­da propiamente dicha apenas dura unos segundos, según expertos en estos asuntos. Y para mayor inri, Uaio Biatoro me hace la advertencia de que el referido petate es en estricta calidad de préstamo; o sea que alguien, quien en todo caso no serí­a yo mismo, tendrí­a que devolvérselo a Uaio una vez cumplida su función social, para lo cual he tenido que girar las instrucciones pertinentes a mis más cercanos colaboradores, hecho que puede ser mañana mismo o a la vuelta del milenio.