De la respetabilidad intelectual


Es complaciente quien accede a lo que otra persona desea y puede serle útil. Aunque esta definición no abarca todo lo que significa para el que trata de quedar bien con quien más le conviene, la connotación real y verdadera la adquiere cuando la cuestión se ve desde el ángulo de quien se deja utilizar. Para ello lo que procede es ahondar un poco más a fin de responder la interrogante acerca de quién resulta siendo más beneficiado cuando se es complaciente y la situación de quien es utilizado y el que lo utiliza, así­ como a quien perjudica y a quien beneficia esa relación mutuamente complaciente.

Ricardo Rosales Román

En una sociedad esencialmente individualista y egoí­sta predominan los impostores, a codazos y zancadillas se asegura el «éxito», el «prestigio» y el «ascenso». El intelecto y la eficiencia valen para que quienes detentan el poder lo utilicen en su propio beneficio. Lo más frecuente es que se establezcan relaciones de dominación y dependencia en las que el sistema oligárquico y opresivo, sus entidades e instituciones, y sus elites y sectores de poder, se afanan por lograr el control y sojuzgamiento, la exclusión y deslegitimación del pensamiento alternativo.

En lo polí­tico se opta -en unos casos- por la eliminación fí­sica de quienes cuestionan el sistema y luchan por cambiarlo de raí­z y a fondo. Es la caracterí­stica de la historia más reciente en nuestro paí­s. Entre 1963 y 1985 lo que predominó en Guatemala fue el exterminio fí­sico de lo mejor de los intelectuales de izquierda como parte de la polí­tica contrainsurgente y genocidio a cargo de gobernantes militares fraudulenta y electoralmente impuestos. De 1985 en adelante, en cierta forma, se modificó tan aberrante proceder.

En las aparentes «nuevas condiciones institucionalmente creadas» a partir de la «llamada apertura polí­tica», el objetivo principal de las elites y el poder ha sido neutralizar a los intelectuales de izquierda que les sea posible neutralizar, ganar a los que necesita ganar, y aislar e ignorar a los que no le es posible neutralizar o ganar. Para ello echan mano de recursos y medios, unas veces, sutilmente y, otras, sin ningún escrúpulo.

A decir de James Petras en su ensayo Los intelectuales de izquierda y su desesperada búsqueda de respetabilidad, «uno de los aspectos más impresionantes de la polí­tica contemporánea» es que «la mayorí­a de los intelectuales están disociados de las luchas populares o han aceptado premisas de la ideologí­a neoliberal, como que la globalización es inevitable e irreversible. En una palabra, la ’hegemoní­a burguesa’ juega un rol para asegurar la estabilidad de un sistema social altamente desigual y explotador».

A ello agrega que «la subordinación de los intelectuales de izquierda a la cultura burguesa coexiste con el desarrollo de una crí­tica parcial de instituciones y cultura de los burgueses. Los intelectuales de izquierda que trabajan con el concepto del paradigma burgués de la globalización están en búsqueda de respetabilidad y reconocimiento que no podrí­an obtener si trabajaran con el concepto del paradigma imperialista».

Lo anterior es válido, en general, para los intelectuales de izquierda que en nuestro medio han sido neutralizados o cooptados, pero lo es más para quienes han renegado de lo que fueron en el pasado y buscan esa «respetabilidad» (y si ya la han alcanzado es porque resultan siendo útiles a ese intrincado y corruptor «sistema social desigual y explotador» al que se refiere Petras y que «critican» a sabiendas de que en nada afecta su esencia y, menos, que lo ponga en peligro). Es esa complacencia a dos bandas que recí­procamente es aceptada y convenida.

Por el contrario, según Petras, «los intelectuales consecuentes con compromiso hacia luchas populares no reciben ningún reconocimiento de prestigio». Es a los que se aí­sla, ignora y descalifica. Por su parte, el que ya fue cooptado o está en tránsito de serlo es a quien el sistema «acepta», siempre y en tanto que «no participe de cualquier lucha antiimperialista o anticapitalista».

Como lo dijera Karl Marx hace ya algún tiempo y lo cita Petras: «La hegemoní­a burguesa se renueva constantemente mediante el reclutamiento de individuos talentosos que provienen de las clases populares?, son ’reeducados’ y entrenados para servir a las clases dominantes». Ese es el costo de la cooptación.

Y, siguiendo las ideas centrales contenidas en el ensayo de 4 mil 680 palabras ya citado, más adelante me referiré a las «cuatro estrategias de carrera» a seguir por «los respetables y móviles intelectuales de izquierda», a cambio de alcanzar esa tan ansiada «respetabilidad» intelectual, así­ como a la variedad de intelectuales de hoy en dí­a.