La ciudadanía sabe que el gasto público en la época electoral tiene destino diferente, por cuanto favorece obras en líneas de proselitismo político, al impulsar las candidaturas oficiales. La Gana busca con ello la prosecución del gobierno, o sea el continuismo en el poder.
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Fue observable la inauguración casi simultánea de diversas obras a un ritmo que denota simplemente la aceleración, antes que la ley prohibiese al presidente Berger hacer propaganda. Tras la convocatoria a elecciones al Tribunal Supremo Electoral puso valladares en ese sentido.
Con sobrada razón y en cumplimiento de ese mandato, dentro del amplio espectro de presidenciables y vices, no puede ser lícito que so pretexto de inauguración dondequiera el oficialismo se despache a sus anchas. Puesto que como ventaja, inclina la balanza y eleva bonos a su favor.
Hay situaciones anómalas, como darle al gasto público la connotación de impulsar, mediante obras materiales equivalentes al proselitismo aludido. Pero dicho mecanismo tan usual, descuida áreas de suma trascendencia y necesidad, entre ellas la salud, educación, seguridad y confianza.
Este mecanismo realizado desde las alturas gubernamentales, si bien es cierto coloca en entre dicho la administración actual, también corrobora que la historia tiene repetición constante. Todos los gobernantes de turno incurren en el censurable caso al término de su período, sin excepción.
Viene desde antes la errática actitud, muy distante por lo visto de la debida enmienda por supresión, en deseable circunstancia. Las mieles del poder engolosinan demasiado, y relegan al olvido, para variar, el sin fin de promesas y ofrecimientos de atrás, un parámetro invariable.
Una deseable tónica, congruente con olores a una genuina democracia sería bien vista por el pueblo, a veces deslumbrado, que tan objetable y criticable acción fuese ya borrada del mapa. Hasta el momento, después de sucesivos gobiernos en ese mismo plan, no encajan en definitiva.
Con el gasto público conviene ahora y siempre hacer una correcta ejecución, excepta de colas que dejan tiempo después al descubierto. El renglón de gasto social merece, sin cuestionamiento alguno, un rol prioritario; sólo así podrán con eficiencia y transparencia resolverse muchas limitaciones.