Para concluir estos comentarios sobre la música de uno de los más grandes compositores occidentales como lo es Federico Chopin diremos que el autor tuvo contacto directo con el folklore de su patria sólo hasta los veinte años. Sin embargo, antes de continuar sirvan las líneas de esta columna como tributo de devoción a Casiopea, esposa dorada, camino de eternidad, «flor horaria» que crece eterna en el centro de mi alma, suave lucero élfico que brilla en nuestra casa-ancla. Campanada de estrellas que se hunden en mi vida cotidiana cual raíz de saúco.
Por lo que se refiere a las formas que menos tienen contacto con la tradición, los fenómenos de las tonalidades paralelas constituyen una contribución particular en la armonía chopiniana, y no resaltan la forma genérica característica. Pero en cambio deciden sobre la unidad de los estilos en la producción de Chopin y en su carácter polaco. El elemento que más evidentemente enseña la influencia del folklore es la melodía. Una vez más, en las mazurcas ?que no son estilizaciones de danza? es donde mayormente se nota esta influencia, ya que todos los elementos de su formación se derivan de la tradición polaca. La característica más sobresaliente de la melodía de Chopin es la ornamentación, que también tiene su raíz en la conformación de los cantos populares, en los acompañamientos de las flautas pastoriles o de violines que intervienen en las fiestas populares. No cabe duda que la figuración ornamental de Chopin parte del folklore con la colaboración del bel canto italiano ?obsérvese cuantas similitudes melódicas se producen «brillant» del piano que el compositor conoció en su juventud. ?
Con todo, el lazo que ata más fuerte la melodía de Chopin con la tradición de su patria es el carácter tan expresivo de aquella, flexible en grado sumo, característicamente instrumental y de una pureza tonal admirable. Si la invención melódica es claramente personal, por ello puede escapársenos el perfume sutil de lo popular que despiden sus cantinelas.
Chopin no es solamente el lírico que en él veían sus contemporáneos; como dice Lissa, es un trágico profundo, un dramaturgo y, al mismo tiempo y en cierto sentido, es un historiador de su propia época, visto con ojos de polaco. Lo popular en la música de Chopin es más que las transformaciones del folklore, aún tan geniales como las vemos en su obra. Sus motivos fueron la consecuencia de una causa mucho más profunda: la identificación de sí mismo con el pueblo, del cual provenía.
Finalmente, en la cadena de montañas cuya cima fue Beethoven, se abrió un valle para él solo y el nuevo aliento que le insufló animará siempre a la música. ¡Qué rejuvenecimiento aportaron al lenguaje musical sus hallazgos armónicos y cuántos artistas hubieran permanecido en la sombra sin las posibilidades que él les ofreció de expresar de otro modo los sentimientos más misteriosos, dramáticos, exquisitos! Liszt y Wagner no tuvieron más herramientas que el lenguaje de Chopin, porque aquel de alma soñadora era un gigante. Lo corto del espacio no permite ampliarnos más sobre el tema. Las notas anteriores las basamos en los excelentes estudios de José Parramón y Andre Lavagne, sobre la música del compositor, así como en nuestros propios conocimientos sobre la música de Chopin.