Amnistí­a ilegal e inmoral


No sé si cuando salga esta columna se habrá aprobado, improbado o rechazado la «amnistí­a» que pretenden los maestros, pero fuera como fuere, vale la pena comentar que este acto no sólo es inconstitucional lo que lo convierte en ilegal, sino inmoral y que de ser aceptado por el Congreso serí­a una mancha más a un Congreso, sumamente cuestionado, con sus muy, pero muy escasas excepciones.

Héctor Luna Troccoli

Para empezar el Congreso legalmente NO PUEDE emitir un decreto de amnistí­a (que significa perdón y olvido), para actos meramente administrativos, que no caen dentro del campo de los delitos polí­ticos o delitos comunes conexos con los polí­ticos que es para lo íšNICO que la Constitución faculta al Legislativo.

Los maestros, no todos por supuesto, han dejado abandonados a sus alumnos e ilegalmente han cesado sus labores lo que los convierte en sujetos del delito de incumplimiento de deberes y abandono de cargo aplicable a los empleados públicos, fuera de que con sus manifestaciones han alterado el orden público, y han violado la Constitución al limitar la libre locomoción, garantizada por ésta, de la que se derivan otros delitos pero ninguno de í­ndole polí­tica que configure el requisito «sine qua non» para Decretar una amnistí­a.

Aparte de ello, las leyes tienen ciertas caracterí­sticas doctrinarias que las subsumen dentro de la técnica jurí­dica como lo es su generalidad, su igualdad e incluso hasta su redacción adecuada cosa que, por cierto, ninguno de los brillantí­simos diputados y asesores parecen lograr, porque da pavor leer un decreto que después tiene que ser remendado.

Esta «amnistí­a» que se pretendí­a o se pretende, era, o es, casuí­stica, limitativa, excluyente, coyuntural y encima de eso inconstitucional.

Pero no sólo el consabido proyecto es grotesco jurí­dica y polí­ticamente hablando, lo es también, las cada vez más insolentes declaraciones de Joviel Acevedo que arremete contra la Ministra de Educación, el Congreso y el Ejecutivo, a quienes no tengo porqué defender, si no fuera porque sus amenazas afectarí­an a los guatemaltecos honestos y trabajadores y a los niños más pobres del paí­s, a los primeros al evitar que sus hijos reciban educación y que ellos tengan que soportar ser parte de este incumplimiento magisterial y a los niños por no tener un mentor que los guí­e, sino descamisados que gritan en las calles, bailan, insultan, como una segunda Huelga de Dolores. INSISTO, SOLAMENTE ME REFIERO A UNA PARTE DEL MAGISTERIO NACIONAL, PORQUE ME CONSTA QUE HAY OTROS, SOBRE TODO LOS QUE TIENEN MíS Aí‘OS DE SERVICIO, QUE TIENEN TODAVíA MíSTICA Y AMOR A ESA NOBLE CARRERA.

Nota aparte. El lunes, elPeriódico denunció quiénes son los jefes de la Contralorí­a General de Cuentas la cual debe velar por el buen manejo de los fondos públicos, lo que nos hace recordar a Dubón Palma y Abadí­o, ya condenados por corruptos. Es decir, la cosa sigue igual. Por otro lado, ya se empieza a discutir la pena de muerte que casi siempre es cortina de humo para otras cosas, pero de ambos temas, -Contralorí­a y pena de muerte- opinaré, si Dios lo permite.