Empezó la carrera pues. ¿A ver quién llega primero a la meta?, es la interrogante que nos hacemos todos cuando se inicia una competencia de cualquier clase, fuera en lides deportivas o las políticas, como las elecciones generales que de acuerdo con la convocatoria emanada del Tribunal Supremo Electoral serán este año el 9 de septiembre, para lo que se ha dado en llamar «la primera vuelta» y «la segunda», si es que hay necesidad de hacerla el 28 de octubre.
Aquellas elecciones que antaño se calificaban de «alegres» pasaron a la historia. Aunque no creo que hayan sido alegres del todo, pero que ahora son radicalmente distintas, desde la abierta y descarada violación a la ley electoral que ningún político evitó haciendo propaganda antes de tiempo, hasta seguir utilizando la misma clase de subterfugios en donde las pegajosas canciones, estereotipados lemas y los regalos promocionales engaña-babosos siguen estando en el primer plano. Es por ello que pregunto: ¿qué se habrán creído nuestros políticos, que todos los chapines somos caídos del tapanco o que por parejo nos están tomando el pelo?
No, disculpen, pero están equivocados de cabo a rabo. Así como la mayoría de la población está frustrada porque nuestros políticos se han hecho de la vista gorda ante el clamor popular para reducir el exagerado número de 158 curules en el Congreso, puestas a disposición de la misma clase de gente que ha estado llegando a ocuparlas (salvo contadas excepciones), tampoco es tan tonta como para no haberse dado cuenta que solo en nuestro país siguen ocurriendo cosas tan estrafalarias, como tener que ir a las urnas con cuatro años de anticipación para elegir a 20 diputados titulares del Parlacen, la entidad más inútil, inoperante y costosa que hemos tenido los centroamericanos en toda nuestra historia, los que tomarán posesión hasta el 28 de octubre de 2011.
Pero hay algo que me molesta más, el entorno de las campañas electorales que desde el año de 1985 se han dado en llamar el «surgimiento de la nueva era democrática», me refiero a ese acompañamiento de cada vez más medios de comunicación social haciendo una descarada promoción de apoyo a determinados candidatos a quienes se les pinta como la panacea para el pueblo y su país. ¿Es que no se dan cuenta que a estas alturas, que a quien tiene dos dedos de frente no le van a seguir tomando el pelo, cediendo espacios a una de las más bajas clases de politiquería, además de ensartarse la daga ellos mismos, generando descrédito y pérdida de credibilidad y confianza en los órganos de prensa, de la nación, como propiciar todavía más la prostitución en sus elementos? Entre la quiebra de valores que estamos viviendo, claro, me dirán que esto es arar en el mar o predicar en el desierto.