América Latina: solidaridad y real emancipación


Hace 62 años, con la izada de la Bandera de la Victoria en el Reichstag, culminaba una más de las encarnizadas batallas que en el frente soviético-alemán libraron los distintos pueblos y nacionalidades de la Unión Soviética contra la Alemania fascista y sus aliados. Las tropas hitlerianas habí­an invadido el suelo soviético el 22 de junio de 1941.

Ricardo Rosales Román

Seis meses antes, en la directiva número 21 del 18 de diciembre de 1940, Hitler trazó las «lí­neas generales e indicaciones iniciales» -según el historiador soviético Oleg A. Rzheshevski- a fin de «derrotar a la Unión Soviética en el curso de una campaña rápida» (ocho o diez semanas) y cuyos «principales objetivos estratégicos» eran Leningrado, Moscú, la zona industrial central y la cuenca del Donetz. Por obvias razones, «la toma de Moscú ocupaba un lugar principal». Hitler suponí­a «que cuando se hubiera alcanzado ese objetivo» tendrí­a ganada la guerra.

Las hostilidades en el frente soviético-alemán no tuvieron esa duración y, menos, ese desenlace. «La Gran Guerra Patria de la Unión Soviética contra los agresores germano-fascistas, como lo apunta el historiador soviético citado, duró 1,418 dí­as y noches». En el verano y el otoño de 1941, los agrupamientos «norte», «centro» y «sur» del ejército hitleriano lograron penetrar profundamente en el territorio de la URSS, bloquear Leningrado y crear una amenaza directa a Moscú, la cuenca del Don y Crimea. Nunca llegaron a tomar la capital soviética.

Si la batalla de Moscú fue «el inicio del viraje radical en la lucha contra la invasión fascista», en la de Stalingrado «el enemigo sufrió la más dura de las derrotas»: ya no se pudo reponer y marcó «el ocaso del ejército germano-fascista». Por su parte, la batalla de Kursk significó para la Alemania fascista otra más de sus grandes derrotas en territorio soviético y pasarí­a a ser considerada como «el mayor combate terrestre y aéreo de la historia militar».

Liberada la Patria de los soviets de los invasores nazis, los jefes, oficiales y soldados de las Fuerzas Armadas Soviéticas cumplieron exitosamente, entre marzo de 1944 y agosto de 1945, la misión internacionalista de liberar Rumania, Polonia, Checoslovaquia, Bulgaria, Yugoslavia, Hungrí­a, Austria, Finlandia, Noruega, Dinamarca y, después de la toma de Berlí­n, los territorios de China y Corea, ocupados por Japón.

A partir de Marx y Engels y con Lenin y Dimitrov, el internacionalismo proletario expresa el carácter de clase de la solidaridad propia del movimiento obrero internacional. Fue precisamente el dirigente búlgaro George Dimitrov quien ?antes de la Segunda Guerra Mundial- planteó que la piedra de toque de la solidaridad internacional dependí­a de la actitud hacia la Unión Soviética.

El carácter y rasgo principal de la situación internacional en el momento actual y, más particularmente, en el hemisferio occidental, determina la posición a asumir ante Cuba socialista, en primer lugar, y ante la República Bolivariana de Venezuela, Bolivia y Ecuador, las luchas de los demás pueblos y paí­ses al sur del Rí­o Bravo, y -por supuesto- de cara al imperialismo estadounidense.

De ahí­ que la solidaridad internacional pase necesariamente por la oposición a la Alianza para el Libre Comercio de las Américas (ALCA); el Plan Puebla Panamá (PPP); las polí­ticas expoliadoras y leoninas del Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI), y el Banco Internacional de Desarrollo (BID); la denuncia y anulación de los Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos, en tanto que violan las Constituciones Polí­ticas de los paí­ses que los han suscrito y son lesivos a los intereses de las naciones y las mayorí­as de la población; la participación en la lucha de los pueblos bajo gobiernos supeditados a los intereses de las transnacionales y los planes militares y de seguridad de la Casa Blanca para América Latina y el Caribe, y desbaratar el proyecto imperialista de satisfacer sus desorbitadas necesidades de combustible a cambio de deforestar grandes extensiones de tierra y, por el encarecimiento desmedido del maí­z, condenar al hambre y a una pobreza aún mayor a cientos de millones de habitantes más.

Corresponde, además, fortalecer la Alternativa Bolivariana de nuestra América (ALBA), según lo convenido por Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, más Haití­, y los movimientos sociales y fuerzas polí­ticas participantes en la reciente V Cumbre de Tintorero, República Bolivariana de Venezuela, en tanto base y fundamento de la solidaridad y cooperación internacional, la integración libre y soberana, el desarrollo económico y social, y la real emancipación de América Latina y el Caribe, en el momento actual.