La semana pasada recibí una llamada del alcalde ílvaro Arzú para plantearme su interés por darme a conocer el informe que sus técnicos han hecho sobre la situación en el Barrio San Antonio. «No me interesa una aclaración pero sí que podás ver nuestros informes para formarte criterio». Y como resultado de ello el Alcalde, el gerente de la Empresa Municipal de Agua, ingeniero Julio Campos, el especialista en suelos, ingeniero Rodolfo Hermosilla y el subgerente técnico de Empagua, ingeniero Hugo Vásquez, me mostraron planos, maquetas y dictámenes sobre la situación que vale la pena comentar con los lectores.
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La Municipalidad sostiene que el problema tiene su raíz en la erosión causada en el terreno durante muchos años por la existencia de un río subterráneo que fue socavando a muchos metros de profundidad las paredes alrededor del pozo de visita del gran colector que pasa a sesenta metros de profundidad. Para el efecto, el Alcalde muestra los planos de un estudio realizado por una firma japonesa en donde aparece una falla geológica justo en el sitio donde ocurrió el hundimiento y las tomas realizadas por cámaras que han introducido en el agujero, que evidencian una fuerte corriente de agua en la caverna, misma que sale a unos treinta o cuarenta metros arriba del colector.
Según Rodolfo Hermosilla, ese manto freático fue degradando el terreno durante años, creando una enorme caverna que no podía detectarse porque se había formado a 20 metros de la superficie. Los vecinos presentaron sus primeras quejas en 1989, cuando dijeron que sentían temblores y escuchaban retumbos, lo que provocó en noviembre de ese año un informe del Insivumeh, firmado por el jefe de la sección de sismología, atribuyendo la situación a sismicidad superficial inducida por «agentes mecánicos tal como el paso de vehículos pesados en la ruta al Atlántico y el paso del ferrocarril que se ubica en las cercanías, así como movimiento inducido por el viento a las raíces de los árboles».
En opinión de expertos del colegio de ingenieros, el problema está en la falta de mantenimiento a los reguladores de caudal, muchos de los cuales según ellos están cubiertos por construcciones permanentes y diverso material. El ingeniero Vásquez dice que están habilitados alrededor de 20 reguladores, lo que permite que ahora al hoyo del Barrio San Antonio no llegue ni el 10 por ciento del caudal que llegaba anteriormente y que la Municipalidad está ya trabajando en un «by pass» para rodear el agujero y dar salida a los colectores.
Me mostraron una maqueta del agujero y es más grande que el edificio del Ministerio de Finanzas Públicas. No hay certeza de lo que pueda ocurrir en ese lugar porque hay al menos dos paredes frágiles en la parte alta, y según recortes del diario de Centroamérica de 1953, en ese lugar se hizo un relleno de gran proporción para construir la ruta al Atlántico y conectar el puente Belice con la Calle Martí. En resumidas cuentas, la Municipalidad sostiene que el problema es derivado de un problema geológico y de calidad del terreno, exacerbado por la corriente subterránea que socavó la tierra, dejando la candela del pozo de vista en el aire hasta que se hundió.
La explicación tiene lógica, tanto como la explicación que dan ingenieros que conocen el proyecto de los colectores. Pienso que puede haber una combinación de factores que provocaron el desastre y que nos podríamos pasar la vida tratando de establecer si fue por una falla geológica o por descuido en el mantenimiento de los colectores, pero de eso y del resto de la exposición de la Municipalidad seguiré escribiendo mañana.