Los partidos políticos hace rato comen ansias, sin la convocatoria de ley, con más fuerzas ahora ya casi en la frontera del evento, iniciaron el refuego. Definidas sus presidenciables y vices de su parte, con mirage al triunfalismo, a reserva de una segunda vuelta electoral.
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Resulta por demás pronosticar respecto a quiénes serán ungidos con la voluntad popular, inscrita en el electorado y puedan sentarse en las codiciadas poltronas. A consecuencia lógica de la proliferación de candidatos que aspiran a dirigir el rumbo del país el próximo cuatrienio.
Razón de peso, entonces, para que dicho refuego y acciones secuenciales tengan ese propósito fundamental; todos los medios de comunicación social lo demuestran hasta la saciedad. El jaleo es propio de este evento cívico, mismo que coloca el ambiente nuestro al rojo vivo, según la idiosincrasia.
Hace mucha falta la educación general, y la cívica en particular; la llamada transición democrática parece encontrar congelamiento seguro y punto. Si al contrario, hubiese tocado fondo la deseable madurez cívica tan escurridiza, otras perspectivas y situaciones serían, a no dudar, el marco propicio.
En tanto, vuelve la tónica constante traducida en acciones censurables, a semejanza del dicho popular que: en la política y en el amor, todo es permitido. Comportamientos acerca de complementario decir: Si quieres ver un ruin, dale un mando, rondan en el pensamiento de la ciudadanía.
Son objetadas las estrategias que los dirigentes de la partidocracia ponen en práctica, puesto que endurecen el clima electoral a ojos vista. A punto que en síntesis, acontece siempre lo mismo, pase lo que pase. Ojalá las pasiones encuentren valladares y se contengan, que prive el bien.
Basta de tanto odio entre hermanos, de pasar sobre los derechos ajenos; que no sea mancillado tampoco el honor y la vida privada. Guatemala, primero, y la comunidad internacional confían en que las elecciones culminen el proceso en orden, sin alterar la paz, confianza y seguridad nacional.
El evento cívico requiere que los habitantes hábiles para el efecto recurran a las urnas ajenos al temor, sabedores, también, que tendrá respeto a la voluntad ciudadana. Deseable es, asimismo, resulte una verdadera fiesta cívica.