Los gobernantes no entienden…


Cuando se ha hablado de generar una polí­tica de Estado que sustituya a la polí­tica de gobierno que es revisada y destruida cada cuatro años, siempre pienso que lo que en Guatemala no cambia son las mañas pese a las evidencias abrumadoras. Ahora estamos nuevamente en año electoral y vemos que por enésima vez los gobernantes se deciden a gastar los recursos públicos con criterio proselitista, descuidando la inversión social para privilegiar el clientelismo polí­tico y eso significa que este año no sólo será pobre en resultados para el Presidente, sino que el paí­s ha de sufrir las consecuencias de mayor atraso en cuestiones cruciales como el desarrollo humano.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

No es casual que avancemos tan poco, puesto que está demostrado que los gobiernos llegan a consumir el primer año en aprender cómo es eso de administrar la cosa pública y el último en derrochar los recursos en una absurda y siempre fallida intención de perpetuarse en el poder mediante la utilización de los recursos del Estado para hacer labores de proselitismo. Todos los gobiernos que hemos tenido destinan el presupuesto del último año a gastos que tienen una franca orientación electorera y a pesar de ello ninguno ha podido repetir, lo que demuestra que la gente no es tan babosa como creen los polí­ticos y que reciben las ayudas y el producto de esa mala polí­tica de inversión, pero a la hora de la hora no están dispuestos a entregar su voto con la docilidad que el oficialismo siempre espera.

En cambio, al descuidar la inversión en materias tan importantes como educación y salud, el daño para la sociedad es de largo plazo, porque resulta que en esas áreas el tiempo perdido no se repone fácilmente. La ausencia de inversiones hace crecer los males en proyección geométrica, por lo menos, lo que obligarí­a a que las asignaciones para esos rubros también fueran repuestas con idéntica proporción, pero sabemos que nunca se podrá disponer del recurso suficiente para atender el déficit social que no hemos logrado siquiera contener.

El caso de los fondos no utilizados por el Ministerio de Educación y luego trasladados a la construcción del aeropuerto es absolutamente ilustrativo, porque las autoridades creen que obtendrán más votos teniendo un «bonito» aeropuerto que teniendo un eficiente sistema de educación cuyos frutos no verí­amos en unos veinte años. Y como vivimos en un paí­s de mentalidad cortoplacista, es natural que nos dejemos llevar por esos espejismos. No sólo los polí­ticos lo ven como algo normal, sino que también la gente termina asimilando esa forma de administrar la cosa pública y damos por sentado que así­ es como funciona todo.

Por fortuna se mantiene la resistencia a entregar el voto a quienes dilapidan de esa forma irresponsable los pocos recursos que va captando el fisco y por ello es que a pesar del derroche que se hace, nunca ha servido para captar votos suficientes para que repita un partido oficial. Lástima que los gobernantes no estén nunca dispuestos a aprender lecciones de la historia, porque seguramente que si hicieran una interpretación más seria y responsable de la realidad del paí­s, se ganarí­an más la voluntad de la gente. Un Presidente que dijera que no pueden hacer piñata con los fondos sociales para atender el clientelismo polí­tico porque el paí­s tiene muy grandes, sentidas y evidentes necesidades sociales, seguramente que serí­a mejor apreciado y elevarí­a las posibilidades de que «su candidato» pudiera ser electo. En cambio, prefieren gastar tontamente y a manos llenas, creyendo que el pueblo es pendejo y que no se da cuenta del abuso intrí­nseco en esa forma de tirar el pisto ajeno.