No caigamos en la trampa (III)


Antonio Sandoval Martí­nez

Y, leyendo «El Siglo Veintiuno» del viernes 2 de marzo, César Montes, «comandante guerrillero marxista leninista» en servicio activo (este tipo de activistas nunca rinden las armas y siempre se mantienen activos) quien se dice «ciudadano honrado» en el artí­culo «Guatemala se hunde» de su columna «Con la mochila al hombro» en el periódico que fundaron jóvenes empresarios de derecha para que sus enemigos como el mencionado escritor tengan la libertad siempre de escribir cuantas calumnias quieran, no vacila en aseverar que a Eduardo D’Aubuisson le asesinó «un escuadrón», «en la misma finca donde se reuní­an -me imagino se refiere a Roberto D’Aubuisson (qdDg)- con Lionel Sisniega Otero y Sandoval Alarcón para dirigir los asesinatos de revolucionarios salvadoreños.» Mi primo Mario (qdDg) ya no se puede defender, por eso lo hago yo, de la calumnia de este «ciudadano honrado» (Nota: Los ciudadanos honrados no calumnian, señor Montes), pero mi querido amigo don Lionel Sisniega Otero, sí­ lo puede hacer si considera que tal calumnia merece ser desmentida. Yo creo que no se molestará en contestar semejante sandez.

Por otro lado, el presidente Saca tuvo razón en contestar como lo hizo: ¿Cómo esperarí­an sus correligionarios «Areneros» que comentara tan repudiable crimen, si ni a un perrito se le mata de semejante manera? Pero de que eso vayan a odiar a los guatemaltecos honrados que no tuvieron absolutamente nada que ver y que han repudiado esta canallada perpetrada por «comanches» enfermos, es absurdo pensarlo; ni que el pueblo salvadoreño fuera de verdad estúpido. Pero que tiene razón la gente de tener miedo de viajar en automóvil, con la poquí­sima vigilancia que usualmente se encuentra en esa carretera, por la que yo transito con frecuencia, también es cierto. Talvez ahora hayan destacado más vigilancia a lo largo de ese camino; no lo sé.

Bueno, esperemos que esto se aclare. Es bastante improbable, por experiencia. En cierta ocasión yo mismo acudí­ a denunciar al Ministerio Público una muerte muy sospechosa y este es el momento en que todaví­a estoy esperando la investiguen. Pero que cuiden bien a los posibles testigos para que no vuelva a ocurrir otro asesinato semejante al de los policí­as acusados y no condenados. Y, ¡ojo, no caigamos en la trampa! hermanos guatemaltecos y salvadoreños, ¡que no nos den atol con el dedo otra vez más!