Este primer Viernes de Cuaresma, interrumpiremos nuestra exposición sobre la obra y la vida de Federico Chopin, para analizar en forma sucinta y por demás superficial, una de las obras cumbres de la música occidental: La Pasión según San Juan de ese gigante de la música que es Juan Sebastián Bach. Esta música de serenidad insospechada es fiel entorno al tranquilo suspiro de Casiopea, esposa dorada, quien es fuente de miel que surca mis manos que la anhelan esplendente; es trino amoroso que empapa de música mis oídos siderales, y su llegada ha sido y es susurro de palomas y luceros élficos en mi vida.
En estos tiempos de meditación, sobre el gran drama de la Pasión de Cristo, la música de Juan Sebastián Bach es el mejor cauce para llegar a su auténtico significado.
De tal manera, pues, que como ya lo hemos repetido en otras oportunidades, la música de J. S. Bach serena el alma y pone lágrimas en nuestro espíritu.
La composición de La Pasión según San Juan vino en momentos agitados para Bach, que pretendía entonces la plaza de Cantor en Santo Tomás de Leipzig. Sentimientos contradictorios debieron acarrear una mezcla de cosas en la composición de su Pasión, ya que la misma se alejaba de la tradición que hasta entonces le había servido de norma; acentuaba el criterio aceptado en sus cantatas según la definición de Neumeister y revolvía pasajes del estilo antiguo alemán con el nuevo de Kuhnau, tanto en su melodía como en sus formas vocales; lo exterior del oratorio operístico, con su vuelta a los textos bíblicos; fragmentos de un sentimiento mundano con lo severo de sus corales. Pero lo genuino de su inspiración, la profundidad y sencillez de su sentimiento religioso y la grandeza de su técnica lograron amalgamar estos materiales inconexos dándoles una unidad tal para sus oyentes que, tras de esta obra de Bach, parece que las pasiones operáticas quedaron desterradas de la práctica alemana, superadas pronto todas ellas a la llegada de la magna Pasión según San Mateo en 1729.
Del texto que sirvió a Bach para su Pasión según San Juan, solamente algunos fragmentos son originales de Henrich Brí¶kes, ni todos pertenecen al Evangelio de San Juan, sino que hay algunos del de San Mateo; los pasajes extraños al texto de Brí¶kes parece que sean del propio Bach. La popularidad de la obra se debió sin duda a la manera coloquial de su redacción, donde hay pasajes triviales, pero muy humanos.
Un análisis sumario del libreto de La Pasión según San Juan dará idea clara, creemos, de la estructura de una obra de esta clase. En las ejecuciones modernas se divide en tres partes, que contienen en total catorce estrofas de himnos de poesía sacro-popular destinados a este servicio, doce trozos líricos que se dividen en dos coros, ocho arias y dos ariosos, procedentes, salvo tres, de Der germatete und sterbende Jesús, que era el título original del poema de Brí¶kes. Bach conocía la versión de Haendel al mismo texto, que compuso íntegramente, porque parte de ella existe copiada por su mano, y parece ser que, Bach, inexperimentado en este terreno, se dejó guiar por Haendel, cuya influencia apuntan sus comentaristas en ocho pasajes, por lo menos de entre los doce trozos líricos. He aquí la distribución de las partes vocales:
La primera parte comienza con el mismo capítulo. Un nuevo coral, Tu voluntad, Oh Señor, Dios nuestro, sea hecha, y siguen los versos 12 a 14 del mismo capítulo del Evangelista. La primera aria aparece encomendada a la contralto, en palabras piadosas de nueva confección, y el evangelista añade: Y Simón Pedro siguió a Jesús, y lo mismo hizo otro discípulo. Una nueva aria, esta vez cantada por la soprano, tiene cuatro versos, lo mismo que la anterior. El texto evangélico sigue en la narración desde la casa de Caifás al local donde se celebrará el juicio. Dos corales, entre los que se interpolan los versos 28 a 36 del capítulo XVIII de San Juan, irán seguidos de un arioso del bajo y un aria del tenor. Nueva recitación, que presenta a Jesús ante Pilatos (Cap. XIX, vers. 2 a 12). Coral. (Versos 12 a 17). Jesús es entregado a la plebe para su crucifixión. Aria del bajo juntamente con el coro: Apresuraos, espíritus profundamente heridos. Venid y traed vuestros corazones, lo que transcribe las palabras de Jesús agonizante, que muestra a su madre al discípulo favorito. (Continuará)