El calentamiento climático (y 3)


Hay algunos conceptos que los especialistas en la materia manejan con propiedad, pero que a mí­, simple periodista del Tercer Mundo, se me hace difí­cil digerir, pero ái voy haciendo la cacha, con la intención de contribuir a que algunos de mis pocos lectores también tengan acceso a informaciones encaminadas a crear conciencia individual y colectiva acerca de los riesgos que implica el calentamiento global.

Eduardo Villatoro

El experto Stephen Leahy indica, por ejemplo, que 380 partes por un millón (ppm) es la actual concentración de dióxido de carbono en el aire que ingresa a los pulmones de un ser humano cada vez que respira, mientras que hace una generación era de 290 ppm.

En un futuro próximo la concentración de ese gas se elevará a 450 o 500 ppm, y aunque respirar un poco más del dióxido de carbono no es tan malo para la salud humana, en lo que respecta a la atmósfera sí­ tiene profundo impacto sobre el clima del planeta.

Cientí­ficos dedicados a investigar este nada alentador panorama, especifican que el dióxido de carbono es el gas al que se le atribuye en gran medida al recalentamiento del planeta, determinando en un cambio climático que, para citar algunos casos, amenaza con destruir las antiquí­simas ruinas de Tailandia, los arrecifes de coral de Belice, mezquitas del siglo XIII en el Sahara y otros sitios naturales e históricos irremplazables en todo el mundo.

El director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), Koichiro Matsuura, advierte que los cambios climáticos están impactando en todos los aspectos de los sistemas naturales y humanos, incluyendo el patrimonio mundial cultural y natural, de manera que el aumento de la temperatura oceánica decolora los arrecifes de coral, y la creciente acidificación de los océanos podrí­a provocar su extinción masiva; en tanto que el recalentamiento de la atmósfera derrite glaciares, con grave perjuicio para la biodiversidad, porque las especies se ven obligadas a trasladarse de sus enclaves naturales, para sobrevivir.

Por lo consiguiente, una pequeñí­sima cantidad de dióxido de carbono importa mucho, toda vez que los 90 ppm extra de este gas en la atmósfera atrapan suficiente calor adicional del Sol para recalentar la Tierra en un promedio de casi un grado.

Esa energí­a calorí­fera extra es la responsable de una mayor frecuencia e intensidad de lluvias y tormentas, de la elevación de la temperatura de los océanos y del aumento del nivel del mar, además de condiciones climáticas extremas.

El profesor David King, principal asesor del gobierno británico en materia de ciencias, subraya que 380 ppm de dióxido de carbono es la mayor concentración en la atmósfera en los últimos 30 millones de años, y de ahí­ que la humanidad sufre las consecuencias del cambio de clima.

King es secundado por el cientí­fico canadiense Andreas Hamman, al indicar que otros 100 ppm podrí­an aumentar las temperaturas mundiales entre 2 y 5 grados, poniendo en duda que los ecosistemas puedan resistir tres grados más, y Kirstin Dow, de la universidad de Carolina del Sur, ha subrayado que las nieves y el hielo del monte Everest retrocedieron 8 kilómetros desde que Edmund Hillary realizó el primer ascenso en 1953.

Por su parte, Tom Downing, del Instituto Ambiental de Estocolmo, mediante una investigación que realizó, descubrió que las inundaciones que azotaron Europa en 2002 afectaron auditorios, teatros, museos y bibliotecas, calculando que medio millón de libros y documentos resultaron dañados, pero el cambio climático puede generar más inundaciones y pérdidas.

Entre los sitios que corren riesgos figuran los monumentos de la portuaria ciudad de Alejandrí­a y la ciudadela de Qait Bey, del siglo XV, amenazadas por la erosión costera y la inundación de la región del delta del Nilo; alrededor de 12 mil puntos arqueológicos en Escocia, son vulnerables a la erosión y el aumento del nivel del mar; las 550 mil hectáreas del Reino Floral del Cabo, en Sudáfrica, amenazadas por los cambios en la humedad del suelo; el acelerado derretimiento de los glaciares del Parque Nacional de Huascarán, en Perú, que aumenta el riesgo de inundación de lagos; además de que mezquitas, catedrales y monumentos ubicados alrededor del mundo, son vulnerables a los cambios climáticos.

Por si fuera poco, existe el riesgo de que aparezcan nuevas pestes proclives a emigrar a causa del cambio climático, fenómeno que en Guatemala se toma displicentemente, sumado a la indiferencia del gobierno empresarial del presidente Berger, de quien ya serí­a mucho pedir.

(El biólogo y partero Romualdo Menchú se enteró de que cientí­ficos colegas suyos establecieron que con 30 minutos de besuqueo continuo es posible disminuir la reacción alérgica al polen, y que la mayorí­a de los seres humanos tenemos pequeños ácaros microscópicos llamados Domedex que viven en nuestras pestañas y que tienen garras y boca. ¡Y uno que duerme tan tranquilo!)