La humanidad se encamina al desastre, si los jefes de Estado, los legisladores, las empresas en general, pero especialmente las industrias y las petroleras, los científicos y todos los habitantes de la Tierra no hacemos un esfuerzo para evitar que persistan los avances del calentamiento del planeta.
Las agencias internacionales de noticias han abundado en noticias referidas al informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, un grupo integrado por centenares de científicos y representantes de 113 gobiernos, que arribó a sombrías conclusiones, como haber considerado unánimemente que el calentamiento global es una amenaza existente y que se agrava día a día, existiendo pruebas abrumadoras referentes a que la concentración en la atmósfera de gases que provocan el efecto invernadero, ha experimentado un marcado aumento desde el comienzo de la Revolución Industrial y que la actividad humana ha contribuido en gran medida, lo que tendrá efectos profundos en el clima y los niveles del mar.
En un artículo del reconocido economista Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de su especialidad, indica que el científico sir Nicholas Stern, del London Scholl of Economics, también presentó un documento que señala que los pobres, como de costumbre, son los más vulnerables a las consecuencias de este fenómeno, de suerte que una tercera parte de Bangladesh quedará sumergida en el mar a finales de este siglo, así como desaparecerán números de países insulares del Pacífico.
Por su parte, Seth Borenstein, especialista en el tema, dio a conocer que los científicos que participaron en el mencionado foro, celebrado en París a principios de este mes, alcanzaron consensos, como atribuir el calentamiento mundial a la combustión de combustibles fósiles por parte del hombre, relacionándolos con creciente incremento de poderosos huracanes.
Los expertos coinciden en un alza «probable» de las temperaturas mundiales medias de 1.8 grados centígrados a 4 grados centígrados de aquí a finales del siglo XXI, comparado con el final del siglo pasado, y que el nivel de los océanos podría elevarse, también, para finales del siglo actual, 19 centímetros como mínimo a 58 centímetros como máximo, según las proyecciones del calentamiento global.
El informe de economista Stern explica con claridad que ya no se trata de si podemos permitirnos el lujo de hacer algo contra el calentamiento del planeta, sino de si podemos permitirnos el lujo de no hacer nada, proponiendo un programa cuyo costo sería equivalente a tan sólo el uno por ciento del consumo anual, pero evitaría al mundo costos de riesgo cinco veces mayores.
Los costos del calentamiento del planeta expuestos en el informe son mayores que en estudios anteriores, porque se toman en consideración las pruebas en aumento relativas a que el proceso del calentamiento global es sumamente complejo y no lineal, con la posibilidad de que avance mucho más rápidamente y que su amplitud sea mucho mayor de lo que se había previsto con anterioridad
Sin embargo, Stiglitz señala que aun así el informe subestima los costos, y cita pesimistamente el hecho de que el cambio climático puede propiciar una variabilidad mayor del tiempo atmosférico, la posible desaparición o un importante cambio de dirección de la Corriente del Golfo y el aumento de enfermedades.
Señala el Premio Nobel de Economía que las compañías petroleras son las que más se resisten en contribuir a evitar que se incremente el calentamiento global, porque su único objetivo es obtener el máximo beneficio, indiferentes al costo que represente para el resto de la humanidad.
La empresa Exxon ha financiado supuestos grupos de expertos, para socavar la confianza en los datos científicos sobre el calentamiento del planeta, y celebra la fusión del casquete de hielo polar, porque reduciría el costo de producción de petróleo que yace bajo el océano írtico, obrando de igual manera como cuando la industria tabaquera financió «investigaciones» para poner en entredicho la validez de las conclusiones estadísticas que mostraron la vinculación entre el tabaco y el cáncer.
Las buenas noticias ?subraya Stiglitz- es que hay muchas formas que podrían reducir las emisiones de gases que provocan el efecto invernadero, incluyendo la eliminación de las miríadas de subvenciones de los usos ineficientes. Indica que las señales representadas por los precios que muestran los verdaderos costos sociales de la energía procedente de los combustibles fósiles, fomentará la innovación y la conservación, y pequeños cambios en los usos de energía, al reproducirlos en centenares de millones de personas, pueden entrañar una diferencia enorme.
El economista sentencia, finalmente, que sólo tenemos un planeta, al que debemos conservarlo como un tesoro, y el calentamiento global es un riesgo que, sencillamente, no podemos permitirnos seguir desconociéndolo.
(El hijo del científico y enfermero infieri guatemalteco Renhé Romualdo Leyba Insybume, estudioso del cambio climático en establecimientos de dudosa reputación de la 17 calle y que mudó su avergonzado colchón por un lustroso petate, le pregunta a su padre: -Papá, cuándo inventaron el primer reloj ¿cómo supieron el momento en poner la hora exacta?)