Mantener la confianza


El fortalecimiento patrimonial y administrativo de los bancos del sistema logrará que la estabilidad de precios sea sostenible en el mediano plazo. Esto se debe a que primero existe la confianza y después la economí­a. Es primordial mantener una mentalidad positiva en momentos de crisis y alcanzar el consenso social, para que subsista la credibilidad en las instituciones.

Marco Vinicio Mejí­a

Falta admitir que la confianza es el motor de la historia de los paí­ses. Esta especie de ley constituye un desafí­o para el pensamiento ortodoxo, tanto de derecha como de izquierda. No es un planteamiento novedoso, tampoco es ajeno a la experiencia social, ni resulta contrario a las necesidades de los empobrecidos del planeta. Francis Fukuyama lo formuló en su libro Trust (Confianza), en 1995. Es una norma de puro sentido común, pues la vida económica está determinada por factores culturales que dependen de lazos morales y de confianza social. Ese es el lazo entre los ciudadanos, no escrito en ninguna obra, que facilita las transacciones, fomenta la creatividad personal y fundamenta la acción colectiva. En esta época de insistente globalización, el capital social que representa la confianza resulta tan determinante como cualquier capital fí­sico.

Estas reflexiones provienen de la necesidad de reconocer que el aspecto positivo de la reciente absorción del Banco del Café, es que más de un millón de cuentahabientes recuperaron sus recursos, sin que se registraran mayores incidentes, más que la inicial marejada de temor. Las entidades que asumieron los compromisos de Bancafé enviaron un mensaje de solidez, actitud de servicio, y ante todo, su compromiso con mantener la confianza en Guatemala.

Si el sistema bancario demuestra solidez, la polí­tica monetaria tendrá éxito. De lo contrario, la debilidad de los bancos puede impedir la efectividad de las polí­ticas macroeconómicas, en general, debido a la estrecha relación que tiene con la polí­tica monetaria y por sus repercusiones sobre la polí­tica fiscal y los ví­nculos con el exterior del paí­s. En relación con lo último, los bancos facilitan los movimientos internacionales de capital y colaboran en la integración de los mercados financieros supranacionales. Por eso, la apreciación que tienen los agentes económicos sobre la solidez y solvencia de los sistemas bancarios afecta los flujos de capital, en especial las inversiones.

La lección que dejó la crisis iniciada por Bancafé es que para mejorar la eficiencia de la intermediación financiera se requiere la habilidad de las instituciones para mejorar e innovar su desempeño. Las entidades que salieron al rescate demostraron su fortaleza en la capacidad de gestión, lo que debe propiciar el redimensionamiento de los intermediarios financieros, además de eliminar las distorsiones y obstáculos institucionales y legales que impiden una administración más eficiente de las empresas que conforman el sistema financiero.