El martes 6 de febrero los lectores del Diario La Hora pudimos leer su editorial con el título de «Lo barato sale caro», el que me pareció muy bien planteado por dos razones: porque conlleva una crítica sana y edificante y porque tiene la visión de buscar soluciones a futuro del Transmetro en el ramal que fuera «inaugurado» el pasado sábado 3 de febrero y las subsiguientes etapas. Para mí que se quedó algo en el tintero, por lo que transcribo: «Ahora que la Municipalidad Capitalina ha inaugurado las operaciones de la primera fase del Transmetro, vale la pena señalar que la sabiduría popular no se equivoca y que lo barato sale caro», como aquella parte que dice: «… habrá que ir pensando en la construcción de vías elevadas para no sacrificar la escasa oferta que hay de calles y avenidas en la ciudad de Guatemala, abarrotada por el transporte particular como resultado de la eterna ausencia de un servicio efectivo y seguro (en todo el sentido de la palabra) de transporte público».
En otras palabras se puso el dedo en la llaga, aun sin conocer seguramente el exacto o al menos el aproximado valor total del Transmetro, cosa que como toda obra pública todos debiéramos estar enterados conforme a la ley porque la ciudadanía tiene pleno derecho de saberlo. De ahí que pregunte ¿Por qué ese afán de vivir escondiendo el manejo de los fondos municipales? Francamente no creo que la infraestructura del Transmetro haya sido «barata» ni cosa que se parezca, mucho menos el costo de los famosos «gusanos» aunque sólo 16 unidades sean nuevas.
Lo de construir vías elevadas también es un punto muy importante, puesto que ha quedado demostrado que el error principal en este ramal estuvo en haber utilizado la premisa básica de «donde caben dos, caben tres». Pero hay algo todavía más importante en todo este asunto y es lograr que las autoridades municipales dejen de ver los micos aparejados de una oposición sistemática para causar perjuicios sino que, poniendo bien los pies en la tierra pueden reconocer que el tránsito vehicular en vez de aliviarse se entrampó más, que quienes hacían dos horas de camino ahora hacen tres, como que debido al crecimiento poblacional y en especial el de vehículos automotores, cada vez se irá poniendo más trompudo. No creo que haya un solo guatemalteco consciente que vea con malos ojos al Transmetro, al contrario, todos hubiéramos querido que a la hora de construirlo y ponerlo a funcionar no hubiera sido tan apresuradamente, sin los errores y defectos a pesar de tantas y variadas advertencias. Insisto en decir ¡a lo hecho pecho! No queda otra que corregir los errores cometidos, aunque suba el costo y hasta no haberlo logrado, no irlos a repetir a la calzada Roosevelt, porque eso sería el acabose.