Nada bueno para Guatemala y los guatemaltecos es lo que ha pasado últimamente en el sistema bancario nacional.
En otros tiempos hubo problemas en cuanto a las operaciones de las entidades financieras, pero lo ocurrido entonces no pasó, puede decirse, de ser aislado; en cambio, ahora es otra la situación.
Mucha gente está perdiendo la confianza en las instituciones bancarias, al igual que en las financieras que dejaron como en el limbo o «en trozos», como suele decirse entre el vulgo, a millares de inversionistas que fueron defraudados o estafados. Algunos de ellos, atraídos por el cencerro de nada despreciables intereses (¿…?), no sólo confiaron sus ahorros a dichos entes, sino también hipotecaron sus inmuebles con tal de inflar los talegos…
En nuestro país han proliferado los bancos. Todos, indudablemente, fueron confiables hasta que tambalearon y cayeron por su propio peso Bancafé y el Banco de Comercio. Otros, no muchos ?afortunadamente?, han tenido que «fundirse» con los que han logrado éxito para no irse a pique hasta el fondo de las aguas abisales.
Las autoridades de los negocios monetarios deben tratar, con hechos y no con meras palabras, de recuperar la confianza del público en general respecto de las unidades del sistema bancario, porque en vista de lo que ha acontecido desde las postrimerías del año anterior al presente, esa confianza se ha venido perdiendo más y más, rápidamente.
No pocas personas que perdieron o han estado a punto de perder definitivamente sus recursos económicos de diversa cuantía en los bancos que ruidosamente se vinieron abajo, difícilmente volverán a utilizar los servicios de otras entidades del mencionado sistema. Preferirán guardar el «pistillo» bajo el colchón o en cualquier sitio de sus casas que les parezca seguro, mas no en los bancos.
Pensamos que lo conveniente y procedente es eliminar los nubarrones de duda, de desconfianza, que se desplazan por todos lados, y eso es lo que deben hacer la Superintendencia de Bancos, el Banco de Guatemala y demás entes que están en el aro. La supervisión de las operaciones de todas las unidades bancarias debe ser constante, estricta, sin ocultar nada que pueda ser o tender a ser lesivo a los intereses e la masa de usuarios de los respectivos servicios de las entidades de referencias. ¡¡¡Sí, señores del jurado!!!