El 4 de febrero se cumplieron treinta y un años del terremoto del 76. Recordamos dicho desastre que dejó el saldo cuantioso de pérdidas humanas y materiales en el país. La reconstrucción comenzó pronto y con ello quedó demostrada la solidaridad, ayuda y voluntad de superar la tragedia.
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Fueron ejemplos de experiencias y lecciones que afloraron, mismas que enrolaron a entidades diversas con empuje. La mayoría asumió el deseable protagonismo, lejos de quedar en posición mezquina de observadores ante aquella verdadera hecatombe, a la distancia similar a una enorme pesadilla.
Al respecto, congruentes con el paso del tiempo que existen entre el colectivo tres grupos o generaciones, lo asumimos puntualmente. Un menor porcentual de citadinos soportaron tres terremotos: 1,917; 1,918 y 1,976; otro mayor que sintió el último señalado y los nacidos después a la expectativa.
Hoy sigue vigente el pronóstico que estamos propensos y somos vulnerables por ser el nuestro, territorio sísmico. También la teoría de ocurrir los temibles terremotos cada cincuenta años. Se habla de ciclos asociados a esos fenómenos, pero el instinto de conservación nadie lo descarta.
La cultura del terremoto quiere ganas sobrellevarla, pese a recomendaciones y prevenciones, al momento de ocurrir las reacciones de la población demuestran olvidar todo, excepto algo vital. Salvar el pellejo y el de los suyos actúa dejando nuevas vivencias por lo visto, para lo que sea.
Treinta y un años después, tanto la capital como el interior han cambiado ya sus usos y costumbres. Al ritmo de la cotidianidad, comparable a un aceleramiento por demás generalizado, a lo largo y ancho del suelo patrio. De consiguiente eso da lugar a las expectativas del caso, aquí y allá.
Agreguemos algo más, entre otras cosas el enorme crecimiento poblacional que pautó el propio terremoto del 76, dando por resultado una masiva inmigración capitalina. No estamos preparados para una emergencia, aunque contamos con ejemplos del desarrollo tecnológico, tenemos celulares, computadoras e Internet.