¿Resarcir a las «ví­ctimas» de la quema de la Embajada? II


Antonio Sandoval Martí­nez

Si yo fuese requerido a declarar bajo juramento sobre las confidencias que este malogrado muchacho me hizo antes de ser asesinado por los invasores de la sede diplomática, gustosamente lo harí­a y públicamente lo digo para que estos señores magistrados de aquel cuerpo colegiado no vayan después a decir que no hubo quien se atreviera a declarar la verdad, aunque con eso ayudara a salvar a gente que no merece mi respeto y que su ideologí­a era simplemente una burda ambición de poder y de dinero, que desde ese tiempo viene campeando en nuestra pobre y sufrida patria y nada tení­a que ver con la lucha anticomunista contra gente como Cajal y López, los Menchú y demás rojos que ya habí­an causado tanta lágrima, sufrimiento y destrucción tanto en España como en Guatemala.

Si se desea resarcir, en lo que se pueda, pues la vida no la pueden traer de nuevo a los inmolados en la tragedia, que de alguna manera y no solamente en la pecuniaria, se conmemore adecuadamente a todos quienes perecieron en este acto terrorista propiciado por los marxistas que siempre han querido subyugar a esta desdichada tierra, ahora ví­ctima de la corrupción, de la delincuencia, del narcotráfico y la incontrolable ambición ejemplarizada en los últimos dí­as por las sucias maniobras de ladrones de levita infiltrados en instituciones de la banca nacional, que tanto ha hecho por mantener un bien ganado prestigio y en el mismo gobierno, cuyos funcionarios honrados sufren injustamente las consecuencias de sus compañeros que solamente ven la oportunidad de medrar en lugar de servir correctamente a la patria.