El beneficio de la duda


No quisiéramos predecir supersticiosamente el futuro ni anunciar desdichas con poco fundamento a propósito de la puesta en funcionamiento del Transmetro, que en los últimos dí­as ha acaparado la atención de la opinión pública especialmente por los gigantescos congestionamientos en la calzada Aguilar Batres y en la carretera hacia Amatitlán.

Félix Loarca Guzmán

Aun cuando este sistema de transporte masivo tiene en su base inspiraciones de carácter polí­tico para favorecer la imagen del alcalde ílvaro Arzú y de su partido polí­tico, por el bien del paí­s le damos el beneficio de la duda compartiendo el pensamiento expuesto en el editorial de la edición de ayer martes del diario LA HORA, en el sentido que hay que hacer todos los esfuerzos al alcance a efecto que el Transmetro funcione bien, porque un fracaso serí­a desastroso para el futuro del tránsito en la capital de Guatemala con los consiguientes efectos multiplicadores de carácter negativo sobre la economí­a nacional.

Sin embargo, nuestro pensamiento con una visión positiva no significa pasar por alto algunas debilidades del proyecto que representan un riesgo potencial para el éxito de sus operaciones.

Nos referimos concretamente a la circunstancia que 48 de las 64 unidades en funcionamiento son los autobuses que antes fueron conocidos como los tomates que estaban abandonados como resultado de numerosos desperfectos mecánicos.

Estas camionetas que fueron parte de un negocio fraudulento durante la administración municipal del actual presidente de la República, í“scar Bergen, estaban arrinconadas en los predios municipales. Ahora se les rehabilitó pintándolas de verde para formar parte del ambicioso y controversial proyecto del transporte urbano en la ciudad de Guatemala.

En el curso de una entrevista en una emisora local, el coordinador del Programa del Transmetro, el ex alcalde y precandidato presidencial Fritz Garcí­a-Gallont, reconoció públicamente que esas unidades reacondicionadas no son totalmente confiables. Ello hace que el sistema sea muy vulnerable, pues ante cualquier falla de los antiguos autobuses en la ví­a exclusiva, no es aventurado anticipar resultados devastadores para el proyecto, ante todo si ello llega a ocurrir en las llamadas horas pico.

Por otra parte, la supresión de uno de los tres carriles en cada uno de los dos sentidos, en la calzada Raúl Aguilar Batres y en todo el trayecto de esta primera fase del proyecto, es una de las principales causas de los tremendos atascos viales que se forman especialmente en la mañana antes de llegar a la cuesta de Villalobos.

En vez de ampliar las ví­as para darle fluidez al tránsito vehicular, la Municipalidad de Guatemala redujo el espacio lo que ha repercutido desfavorablemente al producirse los enormes congestionamientos con el comprensible malestar de los automovilistas quienes se quejan que ahora tienen que invertir más tiempo para llegar a su destino. Varias personas residentes en Amatitlán, relatan que antes de la inauguración del Transmetro, requerí­an alrededor de dos horas para llegar a sus lugares de trabajo o estudios en la ciudad de Guatemala. Ahora en cambio, necesitan de tres horas o más? Ojalá que en este caso no se cumpla la sentencia de la sabidurí­a popular acerca de que lo que empieza mal termina mal.