Apocalypto


Hugo Madrigal

Asistimos a presenciar la pelí­cula Apocalypto del director estadounidense Mel Gibson que, según se ha especulado, trata de los mayas.

Durante el desarrollo del filme en ningún momento encontramos historia de los mayas; no sé a quién se le dio en decir ese marketing, que ha hecho que la pelí­cula venda mucho sin ser estrenada. Una «movida» publicitaria realizada por expertos en ventas.

La pelí­cula es muy buena, con excelente fotografí­a, y se desarrolló gran parte en las ruinas mayas de Yucatán, y de los mayas lo que aprovechó el director son las pinturas que aparecen del glorioso esplendor en las ruinas, pero ahí­ nada más. No se puede tratar de los mayas, porque aparecen hasta carabelas de los invasores españoles. Y si bien recordamos, los mayas desaparecieron miles de años antes de la llegada de los invasores.

De lo que mucha gente no se ha percatado es, como se ha dicho, que trata de la decadencia de unos pobladores por las guerras que se dieron en esas etnias, eso sí­, frutos de los mayas, porque, si bien recordamos, cuando los españoles llegaron a estas tierras, los pobladores ?descendientes de los mayas? viví­an esplendorosamente, lo que sucedió es, como se sabe, que el que conquista es quien pone sus reglas, como ha hecho el presidente Bush de los Estados Unidos, que vive enamorado de la guerra y que en Irak ha provocado más de tres mil muertos de esa nación norteamericana.

Apocalypto es una buena pelí­cula, que se desarrolla en esas tierras morenas de México en tiempos de la «decadencia» como se le ha llamado al guión de este filme y que ha provocado reacciones que al final lo que hacen es que se venda más, como decí­amos anteriormente, un buen manejo de la publicidad.

Por lo general, como ha venido haciendo Mel Gibson sus pelí­culas, la sangre es lo que predomina en sus cintas, tal como vimos dos anteriores, una de ellas la de Jesucristo. Y es que este director, conocedor de la violencia que se vive actualmente en el mundo, ha sabido aprovechar temas como estos para llenarlos de violencia donde la sangre sale a «borbollones», despertando en el espectador rechazo a tan brutales escenas.

Pero en el marketing, esto se vende a miles, son llenos de amantes del cine que no se pierden las pelí­culas de Gibson y Apocalypto no iba a ser una excepción.