Es frecuente que cuando le hablo a la Lila mi mujer, ella se volteé y me diga: «háblame más recio, porque no te oigo» a lo cual, yo le repito mi súplica, sólo que con mayor intensidad. Es entonces que ella me ordena: «pero no me grites porque soy cardiaca».
La presbiacusia es la sordera consecuencia al transcurso de los años, y los varones la padecen con mayor frecuencia que las mujeres. Por lo tanto uno debería de ver muchos más hombres que mujeres usando aparatos para oír. Sin embargo, la vanidad de los machos les obliga a rechazar el uso de esos aparatos que, por algunas otras adicionales razones no son aceptados con la facilidad que son aceptados los anteojos.
Los anteojos han pasado a ser elementos decorativos y hasta objetos de lujo, para lucirlos, en cambio el aparato para oír se trata de llevarlo lo más escondido posible, para que la gente no se dé cuenta.
En mi caso particular, yo, a Dios gracias, todavía oigo bien, y no tengo que poner la televisión al volumen como lo ponía un difunto colega quien con ello provocaba las justas protestas de su ahora viuda esposa quien todavía goza de buen oído.
Durante las fiestas, amenizadas, si es que la música no es un rock estridente no tengo dificultad alguna para participar en conversaciones y no tengo que pedir que me repitan. Y así también en mi consultorio, oigo muy bien las dolidas quejas de mis abnegados pacientes.
En el número del dos, enero 7 de los Annals of Internal Medicine, la doctora J. Durga y col. de las universidades Wageningen y Maastricht, Holanda, publican los resultados de un estudio sobre el papel del ácido fólico en la sordera de la edad madura. La Dra. Durga estudió a 728 holandeses durante un período de tres años al cabo de los cuales detectó las diferencias entre aquellos que habían tomado 800 mcgs de ácido fólico y a quienes así se les había reducido la homocisteína en la sangre, y otro grupo igual, que no lo había tomado.
Por lo visto, el ácido fólico que ha demostrado ser una vitamina excelente para el desarrollo del sistema nervioso en niños, para evitar la arteriosclerosis, la osteoporosis y la anemia megaloblástica, ahora se le encuentra un nuevo papel en los casos de sordera de la edad madura la que, a propósito, tiende a correr en familias.
Al respecto de la sordera de los maduros, la Dra. Durga hace una obligada referencia a aquellos sujetos que debido a su edad no solamente han perdido la chispa sino que no pueden prestar la debida atención cuando les habla su mujer. La Dra. hace énfasis en que esa desatención no es algo voluntario sino efecto del envejecimiento y que, por lo tanto, el reclamo de la mujer: «Carlos, te estoy hablando», es injustificado. Son estos casos muy diferentes al de aquellos desatentos y desconsiderados maridos que intencionalmente se hacen los sordos cuando les piden ayuda para recoger los platos y que no se curan ni con altas dosis de ácido fólico.
Así es que si usted tiene historia familiar de sordera o, si en su chequeo, su médico le encuentra niveles elevados de homocisteína en sangre, es recomendable que tome por lo menos 800 microgramos de ácido fólico diariamente. Y para evitar tener que tomar otra pastilla adicional, a las muchas que ya toma, usted que ya está tomando su suplemento multivitamínico, cámbielo por uno que además de todas las otras letritas contenga, por lo menos, 800 mcgs de ácido fólico. Y no se haga el sordo.