Al respecto, discrepan criterios. De la discusión sale la luz, razón por la que valen la pena las controversias. Se sopesa qué es más importante y beneficioso a los intereses de nuestro país, que cuenta con recursos naturales diversos.
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Tocante al tema minero, persisten los dos lados de la medalla. Por una parte las compañías explotadoras aseveran ser fuente de trabajo y de bienestar familiar dicha actividad en algunas regiones del territorio patrio.
Pero, pobladores de esos lugares a su vez afirman que la minería a cielo abierto causa inconvenientes de toda índole. Destrucción del entorno, agotamiento de las reservas hídricas sin temor a dudas, entre otras cosas.
Además, corroboran el inminente riesgo de la contaminación ambiental en forma acelerada y concurrente. Y como una cosa trae otra, también hacen ver el serio peligro que representa la actividad en detrimento de la salud general.
Por añadidura en poblados donde existen proyectos de minería, los habitantes mediante consultas populares se oponen a la mencionada explotación de metales, una prueba irrefutable del rechazo a tales trabajos motivo de controversias.
En tanto y según las entendederas de observadores con los pies sobre la tierra, expresan con no oculto entusiasmo y pensamientos válidos que el desarrollo del país se encuentra de plano en la promoción turística debidamente planificada.
Tal industria sin chimeneas genera de inmediato considerable ingreso de divisas, después de las remesas familiares en ascenso. De modo y manera que la infraestructura adecuada debe constituir prioridad uno, de verdad. Así que manos a la obra.