George Soros, el mayor especulador que ha existido hasta la fecha, dijo que, «la inestabilidad en el sistema financiero es acumulativa, y ésta elimina la liquidez de los bancos por el colapso que crea la psicosis social». Independientemente de lo cínico que pueda parecernos este personaje (¡¡hoy con fundaciones filantrópicas!!), pertinente sería interpretar esta frase en la negligencia que nos caracteriza a los guatemaltecos al repetir los errores en un período demasiado corto. Y digo que ha existido negligencia porque, prudente debió haber sido, cuando se dio la quiebra de los bancos gemelos, haber identificado las causas que originaron esa situación y también los factores de riesgo que privan en ese tipo de actividad con el fin de implementar nuevas leyes y mecanismos de control más rigurosos, para evitar que se diera esta nueva debacle.
La amargura que embarga a las víctimas y hasta la muerte de varios conciudadanos a causa de la pérdida de su patrimonio, reclama de manera categórica la necesidad de un Estado claro en sus principios y firme en sus determinaciones. Este drama constituido en los fraudes bancarios expresa con claridad la decadencia del sistema neoliberal, pues demuestra que el mercado no puede reemplazar al Estado sin pagar unos costos sociales muy elevados. Hoy, muchos analistas reconocen que el control ejercido por la Superintendencia de Bancos, más que postmorte, debe ser preventiva, y por el bien del país, urge que el Estado mande una clara y contundente señal a la sociedad guatemalteca en vías de iniciar el restablecimiento de la confianza en el sistema financiero. Y en este sentido se imponen dos cosas fundamentales, primero, la Superintendencia de Bancos debe iniciar urgentemente la implementación de una cirugía mayor en su procedimiento de controles, los cuales deberán ser mucho más rigurosos, y segundo, se debe enviar un claro mensaje al resto de banqueros con la captura y pronta condena de los malhechores que han dejado a cientos de familias en la incertidumbre y el desamparo. Esta tragedia que ha caído encima de miles de guatemaltecos, también se debe a la inoperancia de nuestro sistema de justicia, no es posible que los guatemaltecos estemos viendo libre y con toda tranquilidad a un Alvarado Mc Donald que sangró a la sociedad más de Q 1,700 millones, y como para registrarlo en el libro de Ripley, aún reclamando la devolución de sus bancos. ¡¡Chula ésta Guatemala!! Los responsables de la debacle de la empresarial y Bancafé, también debieron haber estado oportunamente donde les corresponde, que es tras las rejas. Que no nos quepa la menor duda que el hecho de que los anteriores mencionados anduvieran en completa libertad, sirvió de estímulo para el fraude cometido por los malhechores del Banco de Comercio. Lo que resulta trascendental en estos momentos es comprender, que la solidez de la economía nacional depende de la seguridad y confiabilidad en el sistema financiero, por eso es que los dos puntos antes mencionados resultan vitales para la sociedad guatemalteca.