Por una sociedad más humana


«El hombre con educación es la más dulce

de las criaturas, pero sin ella, la más feroz de

las bestias»

(Platón).

Rolando Alfaro

La sociedad guatemalteca, paulatinamente, ha permitido que influencias negativas la dominen y quizás por falta de ilustración todo ello en los últimos años ha hecho crisis en casi todos los campos de la vida ciudadana, así­: contaminación ambiental, violencia, intolerancia, rebeldí­a, agnosticismo, fanatismo, y, lo más grave, pérdida de respeto a la vida humana.

En ese sentido, son pocas las personas y entidades que llaman al orden y a la reflexión, problemática que no escaparan al buen criterio de los lectores de esta columna.

Por otra parte, los valores morales son casi desconocidos en el entorno humano nacional; el guatemalteco, se ha vuelto lobo del guatemalteco.

Ya no hay estima del trabajo ni del reconocimiento al mismo, se ignoran los ejemplos de los pocos guatemaltecos que vienen destacando a nivel nacional e internacional.

Contrasentidos dignos de analistas psicológicos de diversas personas que pululan en calles y hogares, tales como los que blasonan ser de determinados credos religiosos o sus seguidores con comportamientos violentos o ignorando los mandamientos de la Ley de Dios.

En suma, la única justificación posible es el constante abandono de programas educativos a todo nivel, inclusive educación no formal que obviamente no es achacable a solo una instancia, esto viene desde hace varios décadas.

Tal abandono va desde el desconocimiento de los principios morales, ignorancia cí­vica incluyéndose la indiferencia hacia las normas constitucionales (la Constitución Polí­tica es la biblia del ciudadano), irrespeto en lugares públicos, ejemplo: utilizar las calles de servicios sanitarios; lucha de géneros y por ello, desconsideración a los menores de edad, especialmente si son mujeres.

En consecuencia, dentro de las probables soluciones a las irregularidades anteriormente descritas, se pueden citar en estos momentos próximas a los eventos electorales que se vienen anunciando, programas intensos de educación cí­vica, colaboración de los medios de comunicación social en el sentido de orientar a la ciudadaní­a, aunque muchos los hacen como LA HORA, uso de la radio y televisión para despertar el respeto a la vida humana y detener tanta criminalidad y vicios. Amén de ello, desarrollar programas de prevención de delitos, y, hacer llamados por los canales adecuados a todas aquellas personas e instituciones que quieran cooperar en actividades cí­vicas.

Finalmente, esperamos que los guatemaltecos de buen corazón se solidaricen con las entidades altruistas, a efecto de detener ese gran terremoto de descomposición social que azota a nuestra querida patria.