Comunistas rechazan el proceso electoral


Antes de todo, debo advertir que formalmente, y tal como lo dio a conocer en su columna del miércoles anterior Ricardo Rosales Román, el Partido Guatemalteco del Trabajo se disolvió en 1997, para integrarse a la URNG, aunque esto no lo especifica el último secretario general del PGT; pero desde el año pasado ha resurgido un movimiento polí­tico que lleva el mismo nombre y que se mantiene en la clandestinidad, aparentemente por voluntad propia.

Eduardo Villatoro

Como fuere, el caso es que recibí­ un mensaje electrónico que contiene la declaración del nuevo PGT de cara a las elecciones venideras, las que, según su perspectiva, «constituyen un ritual por medio del cual las elites económicas, polí­ticas y mafiosas se relevan o se mantienen en el ejercicio del gobierno», además de «buscar su legitimidad y representación «.

Agrega que no existen las condiciones económicas, sociales y culturales para que participen las grandes mayorí­as en este proceso electoral, calificadas de «negocio y parte del mercado capitalista, porque constituyen una actividad comercial y poseen gran rentabilidad económica para la venta de espacios en los medios de comunicación».

Las elecciones ?precisa el PGT- «son parte de la hegemoní­a lograda por la burguesí­a», mientras que el pueblo y las expresiones de izquierda «se han dejado envolver y se han convertido en obedientes y consentidores de la enajenación y desgracia popular».

Después de aseverar que las elecciones conllevan la existencia de partidos y liderazgos polí­ticos que «reproducen el individualismo, el caudillismo, la compra y acarreo de votos, la coacción y la amenaza», la severa crí­tica de los marxistas integrados en el neoPGT puntualiza que «Todos los partidos en contienda son diferentes en su forma, pero iguales en esencia», en vista de que «sus dirigentes y candidatos tienen la caracterí­stica de ser oligarcas, burgueses y nuevos burgueses venidos a esta condición por medio de la explotación y expoliación de nuestro pueblo».

El documento alude sin mencionarlos por sus nombres a varios partidos polí­ticos que pretenden convencernos con promesas fascistas de mano dura, con promesas populistas de viejas esperanzas, con promesas de ganar con sus megaproyectos y off shores, con promesas unionistas de caciques criollos, con promesas divinas de rí­os de sangre, con promesas de rudeza comandantil, con promesas de encuentros financiados por Campero, con falsos paraí­sos extraterrestres cargados de fanatismo y con promesas oenegeras financiadas por el capital y la mal llamada cooperación.

Salvo dos de los grupos aludidos, puedo inferir que el PGT se refiere a los partidos polí­ticos identificados con los lí­deres o precandidatos Otto Pérez Molina, ílvaro Colom, Alejandro Giammattei, Frizt Garcí­a-Gallont, Efraí­n Rí­os Montt, Pablo Monsanto, Nineth Montenegro y Harold Caballeros.

Luego de enumerar una serie de factores que impiden o dificultan la participación polí­tica popular y las posibilidades de un proyecto revolucionario, los dirigentes comunistas dejan abierta una posibilidad de entrar en el juego de «las elecciones burguesas»; pero para ello serí­a necesario un conjunto de cualidades y capacidades que deben ser construidas seriamente y comprometidas ideológica y estratégicamente, y que requiere de un programa de lucha transformadora que posteriormente se plasme en un programa de gobierno de combate a la explotación y a favor de la justicia social, la democracia radical, la independencia nacional, la reforma agraria, el salario digno, la educación gratuita, entre otros elementos esenciales.

También serí­a necesario que la izquierda marxista contara con una fuerza polí­tica que tuviese capacidad organizativa, con independencia ideológica y económica, con un trabajo previo que represente avances en la construcción ideológica y polí­tica que le permita competir para disputar el poder y no solamente jugar el juego del electoralismo y del parlamentarismo, que lo único que logra es legitimar el relevo de las elites de poder.

Pero en las actuales condiciones y limitaciones, el PGT ve lejana la probabilidad de participar, porque en el actual contexto significarí­a un acto de sumisión y legitimación del sistema y del Estado construido para garantizar el salvajismo empresarial, y la dependencia hacia los organismos financieros internacionales y del imperio norteamericano.

La dirigencia marxista saluda el esfuerzo del Movimiento Amplio de Izquierda (MAIZ), aunque no comparte su constitución que gira en torno al proceso electoral. Asegura que los caminos del MAIZ y del PGT son distintos en este aspecto, pero posiblemente coincidentes en la lucha popular, que eventualmente podrí­a derivar en un frente polí­tico progresista.

(Romualdo se reúne con dirigentes de tres partidos polí­ticos distintos: Uno de ellos, de la UNE, comenta: -Cuando mi mujer estaba embarazada leyó Los dos hermanos, y tuvo gemelos. El segundo, del FRG, trae a colación que una hermana suya leí­a Los tres cochinitos antes de dar a luz, y le nacieron trillizos. El tercero, de la GANA, interrumpe al anunciar: -Voy corriendo a avisarle a mi mujer que deje de estar leyendo Alí­ Baba y los 40 ladrones, por aquello de las dudas).