Retomamos el espí­ritu de la Ley de Educación


ílvaro Colom, presidente electo de Guatemala, podrí­a elegir entre tres opciones para dirigir el conflictivo Ministerio de Educación.

El perí­odo poselectoral sirve para ejecutar el acomodo para la integración del nuevo equipo gobernante, de esa forma las conversaciones y propuestas para el nombramiento de ministro de Educación han sido el quehacer intenso de la semana pasada.

Redacción La Hora
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Olmedo España Calderón, doctor en Filosofí­a, quien funge como Director General de Docencia de la Universidad de San Carlos de Guatemala, es uno de los candidatos que han sonado en los cí­rculos para dirigir la cartera de Educación.

¿Cómo analiza usted, la situación educativa en Guatemala?

R: Hasta hoy, en la vida nacional existe un vací­o en cuanto a la educación, lo que significa alcances, cobertura, pertinencia, equidad y calidad. Lamentablemente el sistema educativo guatemalteco es un sistema desarticulado, no sólo con respecto a los imperativos del desarrollo nacional e internacional, sino en cuanto a la relación que se debe establecer con otras instituciones del paí­s como las universidades.

Obviamente hubo esfuerzos, pero ésos no fueron suficientes para responder a los grandes retos y desafí­os para resolver nuestro retraso en el ámbito de la educación; a pesar de que el paí­s ha firmado diversos documentos multilaterales en torno a la educación, a nivel nacional, no se logró determinar aún cuál es el camino a seguir. Lo anterior significa que las diferentes administraciones se dedicaron a resolver problemas coyunturales más que adentrarse a resolver problemas sustantivos de carácter estructural, entendiéndose que en educación siempre se deben trazar perfiles estratégicos, porque todo en este ámbito tiene resultados a largo plazo. He ahí­ nuestro rezago, que se traduce en no haber definido como sociedad y como Estado, el rumbo de la educación en nuestro paí­s.

¿Qué posibles soluciones plantea usted para resolver la problemática antes planteada?

R: Me parece y así­ lo hemos sostenido en diversos documentos que hemos elaborado en el sector educativo de la UNE, que una de las posibles soluciones se refiere a organizar el Consejo Nacional de Educación, el cual por cierto, está establecido en la Ley de Educación Nacional promulgada en 1991, y que por mandato debió haberse aprobado el reglamento de dicha ley para darle vida a un ente como el que acabamos de señalar.

En tal sentido, retomamos el espí­ritu de la Ley de Educación y de los Acuerdos de Paz, para que exista un órgano en el que estén representadas las instancias correspondiente del Estado, de la dirigencia magisterial, de las universidades, de los pueblos indí­genas, de las organizaciones de mujeres, de la dirigencia estudiantil, del sector empresarial, de las iglesias, de los colegios católicos y evangélicos entre otros.

Dicho órgano asumirí­a el reto de debatir, analizar, reflexionar los temas torales de la educación del paí­s y aprobar polí­ticas educativas de carácter nacional. A su vez, pienso que esta instancia colectiva de conducción educativa deberí­a convocar a un Congreso Nacional con una amplia participación que nos permita llegar a conclusiones de un gran Pacto Educativo, el cual debe marcar el rumbo de la educación en nuestro paí­s. O sea, definir las grandes coordenadas para los próximos veinte o treinta años tal y como lo han hecho paí­ses como Estados Unidos de América, Alemania, España, Japón, Brasil, Chile y Costa Rica.

Esto significa, que de esta forma abordarí­a la sociedad y el Estado guatemalteco el fondo de los grandes temas educativos; obviamente, habrá que ir resolviendo en el camino dentro del marco de esas grandes orientaciones, temas centrales como la cobertura con calidad, mejoramiento de la formación de los docentes y creación de la carrera profesional del magisterio, de tal forma que los maestros puedan aspirar a partir de la consecución de tí­tulos universitarios, un adecuado y justo pago de estí­mulo salarial y ser reconocidos en esencia como profesionales por la sociedad guatemalteca.

¿Cómo establecerá el Ministerio de Educación a su cargo, la posibilidad de brindar educación de calidad al sector juvenil que está fuera del sistema educativo?

R: El derecho a la educación es un derecho en general de acceso a ella, es un derecho a recibir educación con calidad, que se traduce en la formación de valores humanos; en la formación de competencias que les permitan a los jóvenes, de forma inteligente y adecuada a los nuevos retos de los mapas laborales que implican conocimiento de tecnologí­a de la información, idiomas y habilidades para aprender otras habilidades.

Lo anterior se traduce de la siguiente manera: atender desde la Dirección de Educación Extraescolar del Ministerio de Educación, a miles de jóvenes quienes por diversas razones han quedado fuera del sistema escolar; o sea, que se debe ampliar y profundizar el sistema de educación con orientación para el trabajo. Prepararlos además, a través de metodologí­as y formas novedosas de organización para que puedan encontrar espacios laborales que requieren determinadas competencias.

Por otro lado, habrá también que crear, siempre dentro de la educación extraescolar, la formación de otro tipo de habilidades o estí­mulos, tales como expresiones estéticas y deportivas. En este sentido, el propósito central se encamina a contribuir para que la niñez y juventud guatemaltecas no sigan degradándose y pierdan la oportunidad de una vida feliz.

¿Considera usted que hay planes y programas educativos de la actual administración que merecen ser continuados?

R: En educación no podemos hacer nuestra, desde ningún punto de vista, la máxima folclórica del ex presidente general Miguel Ydí­goras Fuentes, de «borrón y cuenta nueva»; porque en educación estamos formando seres humanos, trabajamos con sujetos pensantes, con personas, forjamos ilusiones, formamos valores y competencias. La educación es un continuo, hasta los umbrales de la muerte individual.

Sin embargo, hay programas y proyectos que son por su naturaleza de corto, mediano y largo plazo, ahí­ encuentro que está la respuesta a la pregunta; se trata entonces, de analizar estos planes y determinar cuáles han sido sus logros obtenidos. Si éstos se sustentan por su seriedad, profundidad y aportes sustantivos, obviamente, deben continuar; pero si éstos han sido el resultado de ocurrencias coyunturales, evidentemente tendrán que ser evaluados con objetividad para tomar la decisión final sobre su existencia.