Hay una connotación romántica por cada ciudad o pueblo que se ubica en algún límite fronterizo entre países. Una línea de demarcación de fronteras, que toda persona debe cruzar para trascender hacia otras culturas y otros mundos. Pero las fronteras son también lugares en donde impera el crimen y el vicio, donde el tráfico se puede observar en todas sus formas y también en toda su crudeza.
En Guatemala, las fronteras delimitadas con México son innumerables, pero por su importancia en el tráfico tanto legal como ilegal, las que resaltan son Tecún Umán y La Mesilla en San Marcos, El Carmen en Huehuetenango y El Naranjo en Petén. En el caso de las tres últimas, las líneas fronterizas se encuentran sobre tierra sólida, pero en el caso de Tecún Umán, el río Suchiate es el que separa ambas fronteras.
Debido a la extensión del río, el tráfico es más difícil de controlar de ambos lados. El puente internacional que unía ambas fronteras sobre el río fue inhabilitado luego del paso de la tormenta Stan en 2005. Balseros utilizando unas balsas llamadas «cámaras», ayudan a las personas a cruzar a ambos lados, sean estos comerciantes, negociantes, viajantes, coyotes, o inmigrantes.
El paso en el río es tan libre que para controlar el contrabando ilegal a ambos lados de la frontera, las autoridades se ven obligadas a colocar puntos de registro a lo largo y ancho de las carreteras. Siendo el país un punto importante para el trasiego de drogas y el tráfico de personas por su posición geopolítica, la mayoría de veces las autoridades se encuentran en jaque para controlar el flujo de dichas actividades ilegales.
Muchos puntos a lo largo de la frontera no son controlados por las autoridades debido al personal escaso o a la configuración del terreno, lo que permite a los traficantes poder operar con total libertad.