Fue la mañana de un día de marzo que una vendedora del comercio informal recibió una llamada a su celular, donde la saludaba un tal ’Chucky’ y le preguntaba que cómo estaba ella y sus hijos, y hasta cómo estaba su perro «Nerón». Para doña Olga (nombre ficticio) fue tan asombroso que una persona que ni siquiera conocía le preguntara cosas que nadie sabía, además de su familia.
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Doña Olga desde que recibió la primera llamada no ha podido borrar de su mente el tono de voz de su interlocutor ni los números de teléfono que le aparecen en su celular. Después que conociera al tal ’Chucky’, «El sólo ver el número en mi teléfono me hace temblar, porque me llama sólo para preguntarme que cuándo recogerán el dinero que le hemos estado entregando desde hace 8 meses».
«Los vecinos del mercado no me creen, hasta incluso han inventado que yo soy cómplice de este extorsionador». Esta angustia me tiene muy mal, ahora padezco de los nervios, porque fue un mes que nos atrasamos con el pago que él exige, cuando varios mareros vinieron a provocar una balacera».
«Después que ocurriera la balacera me llama el ’Chucky’, quien me dice: «ya vio, doña Olga; si no cooperan, yo me voy a traer a todos»(?) «mejor dígales que junten el dinero y que no le va pasar nada a nadie».
Desde hace ocho meses doña Olga tiene que juntar 16 mil quetzales para entregárselos a un marero que se encuentra recluido en una cárcel de la ciudad de Guatemala, y que por temor a este no ha hecho la denuncia, debido a las especulaciones que se tienen de que la PNC también apoya estas acciones.
Después que se conociera nuevamente la modalidad de los delincuentes de extorsionar e intimidar a empresarios, transportistas y personas de posición económica media y baja, los mareros siguen poniendo de rodillas a cientos de familias que por temor a ser asesinados no denuncian el abuso.
Sin embargo, Alex Tomás, jefe de la División de Investigaciones Criminológicas (Dinc), manifestó que por parte de dicha institución se busca contrarrestar esta problemática y que además se están haciendo llamados para que la población haga sus denuncias.
Agregó que debido al alto índice de violencia e inseguridad que existe en el país, este ha llevado a los guatemaltecos a buscar formas de cómo resguardar su integridad física. Por el fenómeno de las llamadas de extorsionistas algunas personas deciden desconectar su teléfono, a causa de la psicología que manejan sus agresores.
«Son casos lamentables, debido a que cuando por alguna emergencia llaman a sus casas o familiares se topan que el teléfono está desconectado porque la otra persona lo hizo por un extorsionista que ha estado molestando incluso en horas de la madrugada», según indica Tomás.
Dentro de las investigaciones que realiza la PNC se estima que este fenómeno se observa con mayor frecuencia en las zonas populares como las zonas 1, 5, 6 y 12 de la ciudad capital.
Jorge Luis Donado, fiscal Contra el Crimen Organizado, manifiesta que dentro de los trabajos que realiza el Ministerio Publico está el asesorar a las personas para que de ninguna manera estas puedan realizar algún pago, y que la política que se maneja generalmente es no pagar.
Se estima que alrededor de más de cien casos son los que maneja la fiscalía, por lo que es lamentable que este vaya en aumento y que las personas afectadas no denuncian y pagan cantidades mínimas, con las que los delincuentes se mantienen y se aprovechan, añade Donado.
Finalmente, el MP también realiza investigaciones en contra de las autoridades y la corrupción por parte de algunos guardias, empleados e incluso directores de centros de detención bajo el cargo de la Dirección General del Sistema Penitenciario.
Testimonio de una extorsionada