Tan solo tenía cinco años y su espalda tenía más huellas que una playa en pleno verano, su padrastro lo quemaba con cigarrillo cuando él no llevaba dinero al final de la tarde.
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Carlitos (como lo solían llamar sus amigos de la calle), todos los días a las 6:00 de la mañana salía de su vivienda construida con lámina y cartón en la colonia La Bethania, zona 7, y regresaba hasta entrada la noche; en la bolsa de su pantalón tendría que llevar no menos de Q300.00.
«Â¡Don Juan no me pegue!… hoy casi nadie quiso que le limpiara su carro, ¡mamá decile que no me lastime otra vez, prometo que mañana conseguiré más dinero!..», los vecinos decían escuchar a diario ese tipo de gritos.
Los vecinos de Carlitos, cuentan que veían como el pequeño con un suéter algo descolorido y roto, sin zapatos y visiblemente golpeado, salía aún bajo la neblina del amanecer.
La acción de maltrato que ejercía el padrastro en contra del infante parecía convertirse en un hecho rutinario.
Un día de tantos, el menor casi cumplía con el objetivo de limpiar uno de los vehículos que circulan por las calles de la zona 4; la tarea fue interrumpida por una mano suave y delicada, era una mujer de unos 35 años coordinadora de una casa hogar, sin fines de lucro.
Un susto, provocó en Carlitos la actitud de la dama quien lo invitó a comer, el momento fue aprovechado para que el menor le contara de su triste realidad, a través de un juzgado de menores el infante pudo ser trasladado a la casa hogar.
Han transcurrido más de diez años y aquel niño cuyas mejías solían estar rojizas de tantas lágrimas derramadas ha crecido, Carlitos este año se gradúa de perito contador, dice agradecer a Dios por la oportunidad de superarse, y a aquella mujer que un día lo sacó de las calles y del sufrimiento que su padrastro le provocaba.
«Cada día rezo para que los niños de la calle, como lo estuve yo, logren encontrar una oportunidad para vivir y superarse… las heridas han quedado en mi memoria pero las cicatrices aún son visibles en mi piel», dice con una mirada perdida.
El maltrato infantil, según los profesionales de la psicología es toda agresión producida al menor por sus padres, hermanos, padrastros, familiares y otras personas, con la intención de castigarlo o causarle daño.
Esta agresión se produce a través de acciones como: golpes, insultos, abusos, etc., y por omisiones cuando se dejan de atender las necesidades de vida del niño. Por ejemplo, alimentación, higiene, vigilancia, afecto.
Tipos de maltrato contra los niños o niñas:
Maltrato físico, es el que se manifiesta a través de agresiones como: manadas, patadas, cinchazos, quemaduras, heridas mordeduras, fracturas y otras como asfixias, puñaladas, sangrado interno por ruptura de diferentes órganos que podrían causar la muerte.
Maltrato emocional, es difícil de identificar porque no es observable a simple vista, como sucede con el físico. Es provocado generalmente por los padres, familiares, maestros y personal de instituciones encargadas del cuidado de los menores.
Se manifiesta por expresiones de rechazo, falta de afecto, insultos, falta de atención, amenazas o gritos con mensajes destructivos.
Maltrato por negligencia o descuido, se caracteriza por el descuido de los padres o encargados con respecto a las necesidades de vida del menor. Se presenta por la falta de control médico, alimentación inadecuada, higiene y vestuario insuficiente, etc. También por descuido que provoca caídas, quemaduras, intoxicaciones, accidentes de tránsito o todo tipo de abandono infantil.
Abuso sexual, abarca desde el exhibicionismo, el tocar los órganos genitales, la participación o exposición de material pornográfico, prostitución infantil, hasta llegar a la violación y el incesto.
Características de los agresores
No parecen interesarse en los infantes y/o no les brindan la atención necesaria.
Frecuentemente son alcohólicos o drogadictos.
Son de carácter impulsivo o violento, que exige la satisfacción inmediata de sus demandas.
Utilizan habitualmente una disciplina rígida y autoritaria a la edad y la condición del niño y a las faltas cometidas.
Con frecuencia estos adultos también fueron víctimas de maltrato o abuso durante su infancia.
Comprender la condición del niño/a y no exigirle más de lo que puede dar.
Controlar las actitudes impulsivas de enojo y violencia cuando se eduque y corrija al menor.
No desquitarse con el infante por lo que otros hacen.
Mejorar la comunicación padre e hijo, maestro y alumno a través del diálogo.
Corregir en forma justa y sin medios violentos.