VIH/SIDA, violencia y niñez


Los primeros registros del sida en Guatemala fueron fechados en abril de 1988. Actualmente, de la población infectada en el paí­s, nueve por ciento es menor está entre los 0 y 19 años.

La Nana/ Red Andi América Latina

En poco más de dos decenios, la pandemia del SIDA ha cobrado más de 20 millones de vidas e infectado a 40 millones de personas, de los cuales 2.3 millones son niños y niñas. Cada año en el mundo se contagian unos cuatro millones de personas.


Según cifras del Fondo de Población de las Naciones Unidas, en algunas zonas de ífrica, al sur del Sahara, un cuarto de la población en edad reproductiva está infectada con el Virus de Inmuno Deficiencia Humana, VIH. En América Latina, la situación no deja de preocupar porque las cifras relacionadas con este flagelo van en aumento. Se estima que cerca de 2 millones de latinos viven con el VIH y de este total, 47 mil son niños y niñas.

Una tendencia generalizada en América Latina, similar a la del resto del mundo, son los nuevos contagios entre la población más joven. En ese sentido es importante subrayar que los adolescentes, niñas y niños, conforman cada vez más un grupo altamente vulnerable a esta enfermedad. Según datos estadí­sticos oficiales del Perú, aproximadamente el 2% de casos reportados provienen de niños y niñas entre 0 y 14 años.

En Guatemala, de acuerdo con la información del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, MSPAS, a través del Programa Nacional de SIDA, durante 2006 se reportaron 95 casos de niños, niñas y adolescentes infectados de VIH. De acuerdo con datos de ONUSIDA, en Guatemala de las personas que se contagian con VIH, 9 por ciento son niños, niñas, adolescentes y jóvenes de 0 a 19 años, y la transmisión madre e hijo alcanza el 4.7% de los casos.

Vulnerabilidad

Según un informe de ONUSIDA, las niñas y niños que conviven con violencia de cualquier tipo, tienen altas probabilidades de contraer el VIH SIDA. Dicho informe destaca que la violencia sexual no es privativa de las mujeres adultas, sino con frecuencia de niñas y niños, quienes ? además de los traumas derivados de la agresión – son vulnerables a adquirir una infección que los matará en los primeros años de su vida.

Asimismo el informe sostiene que para una niña que ha vivido abuso sexual, el riesgo de adquirir VIH permanece, en tanto que tenderá en el futuro hacia prácticas sexuales de alto riesgo, probablemente producto de una baja autoestima; por la misma razón, contará con menor capacidad de proteger y defender su salud más adelante en su vida.

Si bien es cierto que el VIH SIDA afecta tanto a hombres como a mujeres, los niños y niñas son de dos a cuatro veces más vulnerables a sufrir los embates de esa enfermedad. Ello debido a que existen factores de orden social, cultural y económico, que conducen a esta desigual proporción. El bajo status social, la falta de educación (y de educación sexual en las escuelas) y la pobreza extrema, ponen a los niños y niñas en riesgo de explotación sexual y abuso, ubicando a este segmento poblacional en una situación de debilidad mayor. Estas formas de violencia contra la niñez aumentan su vulnerabilidad frente al VIH y reduce a niveles muy bajos su capacidad de protegerse.

Casa Alianza estima que en cerca de 50 mil niñas, niños y adolescente son ví­ctimas de explotación sexual en México y Centroamérica, 98% de las ví­ctimas son adolescentes entre los 15 y 17 años, y el 20% de las ví­ctimas sufrió abusos sexuales antes de cumplir los 12 años.

El VIH SIDA es consecuencia del riesgo que se da a partir de las condiciones señaladas y que está asociado fundamentalmente -pero no en forma exclusiva- con la explotación sexual comercial infantil (ESCI). Existen otros factores que influyen, como la violencia en la comunidad, el hogar, la escuela, los lugares de trabajo infantil, así­ como los sistemas de atención infantil, lo que nos permite ver cómo la violencia contra la niñez y adolescencia está presente en casi todo escenario, vinculada muchas veces al maltrato sexual y a las violaciones.

La violación, el incesto y otras formas de violencia sexual se dan en el hogar, en las escuelas, en las propias comunidades, y en otros lugares. Por lo tanto el Estado, las comunidades y las familias son, individual y colectivamente, responsables de asegurar que cada niño o niña viva en un mundo libre de toda forma de violencia. Las cifras son muy elocuentes: un estudio realizado por la OMS en paí­ses desarrollados y en desarrollo revela que entre el 1% y el 21% de las mujeres manifestaba haber sufrido abusos sexuales antes de los 15 años, en la mayorí­a de los casos por parte de varones miembros de la familia.

Con una población de más de 190 millones de niños, América Latina se erige como una de las regiones con mayores í­ndices de violencia, y los niños y niñas forman parte de los grupos más afectados conjuntamente con las mujeres. Según cifras de UNICEF, no menos de 6 millones de niñas, niños y adolescentes son objeto de agresiones severas y 80 mil mueren cada año por la violencia que se desata al interior del núcleo familiar. En ese contexto, el ví­nculo entre violencia infantil y VIH SIDA se torna más evidente en nuestro continente.

Casi 20 años

En abril de 1988, se reportaron los primeros dos casos de sida en Guatemala. El primero corresponde a una niña de 12 años con antecedentes de haber recibido una transfusión sanguí­nea, la que puso en evidencia la circulación del virus en el paí­s. Los dos primeros niños menores de 4 años fueron reportados en 1990, también con antecedentes de haber recibido una transfusión de sangre. Tres años después se conocieron los tres primeros casos de transmisión vertical (madre al feto).

En el paí­s existen varios casos de hombres, mujeres, niños, niñas y adolescentes infectados por este virus. La Cruz Roja Guatemalteca, hasta 2004, habí­a reportado la cantidad de 7,054 casos notificados, sin embargo, de todos es sabido que las estadí­sticas en Guatemala no son precisas y se cree que existe un subregistro del 50%. El VIH se puede transmitir por ví­a sexual, a través del contacto con sangre, tejidos o agujas contaminadas y de la madre al niño durante el embarazo o lactancia. Tras la infección, los sí­ntomas del SIDA pueden tardar de 5 a 10 años o más en manifestarse.

El MSPAS indicó que la cantidad de mujeres en edad fértil infectadas con VIH ha aumentado y con ello la posibilidad de transmisión vertical, no obstante, muchos casos de infantes y adolescentes, de entre 4 y 14 años infectados, son por transfusiones de sangre y abuso sexual.

El Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, IGSS, reportó que el tercer lugar de ingreso de pacientes, corresponde a niños y niñas infectados por VIH/SIDA y que el 40% de ellos es huérfano de padre o madre a causa del mal. En la actualidad la institución atiende a 1,570 adultos y a 350 niños y niñas. Como se dijo, la orfandad es otra de las circunstancias lamentables que viven muchos niños y niñas a causa del SIDA.