Hoy empieza oficialmente lo que conocemos como temporada navideña y es con la tradición de quemar el diablo como los guatemaltecos entramos de lleno a festejar no sólo el Nacimiento de Jesús, sino también el fin de año. Obviamente se trata de festividades importantes en las que la sociedad se regocija, pero también hay que advertir que se trata de la época del año en la que más accidentes ocurren.
Y por ello es que queremos llamar a la reflexión a los guatemaltecos y especialmente a los padres de familia, puesto que de su seriedad y responsabilidad dependerá que ellos y sus familias puedan pasar unas felices y tranquilas fiestas. El exceso en el consumo de bebidas alcohólicas es una de las principales causas de accidentes, muchos de ellos mortales, y la falta de cuidado con la forma en que se utilizan los juegos pirotécnicos es seguramente otro motivo que compite en importancia con el abuso del licor.
En ambos casos podemos decir que se trata de riesgos prevenibles, en los que basta un poco de responsabilidad para eliminarlos o para reducirlos a su mínima expresión. En Guatemala nos falta mucho para llegar a la implementación de medidas verdaderamente severas en contra de quienes conducen en estado de ebriedad o bajo el efecto de alguna droga y muchos de los accidentes tienen como causa ese comportamiento irracional de los pilotos. Es tiempo de que vayamos pensando en mecanismos como los que en otros países revocan la licencia de conducir a quienes lo hacen bajo efectos del licor, puesto que con ello se marcaría una drástica reducción de los accidentes como se ha visto en los países que han implementado penas más severas para esa falta en contra de los reglamentos de tránsito.
Afortunadamente se mantuvo la prohibición para la venta de silbadores y cachinflines, puesto que ellos constituyen un riesgo enorme no sólo para las personas sino para los bienes porque una vez encendida la mecha se pierde control sobre la trayectoria que han de seguir y muchos incendios tienen origen en el loco vuelo de tales artefactos. Pero ni por asomo se trata de los únicos peligrosos, puesto que es tal la potencia que se ha puesto en los explosivos que se venden sin ningún tipo de control o regulación que el peligro de amputaciones o de lesiones graves es muy alto y en ese sentido la responsabilidad de los padres de familia empieza con el tipo de materiales que compran.
La quema del diablo es una tradición muy chapina que vale la pena mantener con atención a las observaciones sobre el cuidado del ambiente y los riesgos para las personas. Hoy, al iniciar la época navideña, llamamos a nuestros lectores a esmerarse en el cuidado y la previsión.