Israelíes y palestinos recibieron con prudencia las buenas intenciones formuladas el martes en Annapolis, pues ambas partes dudan de que sus dirigentes dispongan de un margen de maniobra suficiente para concluir un acuerdo hacia fines de 2008.
Los medios de comunicación israelíes son escépticos en lo que respecta al cumplimiento de ese plazo. La prensa recordó una «pequeña frase» del ex primer ministro Yitzhak Rabin, quien recordó que ninguna «fecha es sagrada» en Oriente Medio.
Hanan Cristal, el comentarista de la radio pública, consideró que el discurso pronunciado por el primer ministro Ehud Olmert era suficientemente vago para que Israel Beitenu, un partido ultranacionalista (11 diputados en un total de 120) y el Shass, una agrupación ultraortodoxa (12 diputados), hayan decidido permanecer en la coalición gubernamental.
«Ehud Olmert ganó un año de esta manera», constató Cristal, destacando que el jefe del gobierno no cedió nada concreto en lo que respecta a cuestiones clave como el futuro de Jerusalén este, los refugiados palestinos y el trazado de las fronteras del futuro Estado palestino.
«Lo que sucedió en Annapolis no tiene ninguna importancia», afirmó Avigdor Lieberman, ministro de Asuntos Estratégicos y jefe de Israel Beitenu. El ministro de Comercio e Industria, Eli Yishai, dirigente político del Shass, comparó la reunión de Annapolis a «un sueño», destacando que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abas, no es más que «un socio virtual» que ya no controla la franja de Gaza, dominada desde junio por los islamistas del Hamas.
El jefe de la oposición y del Likud, Benjamin Netanyahu, volvió a pedir, otra vez en vano, a Israel Beitenu y al Shass que abandonasen la coalición, alegando que «el primer ministro hizo concesiones peligrosas, mientras que Mahmud Abas no se movió ni un centímetro».
Del lado palestino, el diario Al Quds (independiente vinculado al Fatah de Mahmud Abas), afirmó que Annapolis «marca un comienzo alentador, aunque simbólico»: «Esta reunión puso la pelota en el campo de los israelíes y suministró a Estados Unidos una ocasión de ejercer presiones sobre los dirigentes israelíes para que ellos participen en forma real en el proceso de paz».
Al Hayat al Jadida, el cotidiano de la Autoridad Palestina, destacó por su parte que «la mayor parte del pueblo palestino apoya el proceso lanzado en Annapolis, a pesar de lo que sugieren las televisiones del Golfo».
Abdulá Abdulá, un diputado del Fatah, declaró que «el elemento más importante es que Mahmud Abas no cedió en los derechos de los palestinos, contrariamente a las acusaciones lanzadas en su contra».
El Hamas, que se opuso a la reunión de Annapolis, proclamando que Mahmud Abas no tenía mandato alguno para negociar en nombre del pueblo palestino, dijo que esta reunión no conduciría a «ningún resultado».
«Los discursos pronunciados confirman lo que nosotros habíamos afirmado anteriormente, es decir que esta conferencia no producirá ningún resultado en el interés de la causa palestina», afirmó Taher al Nunu, un portavoz del Hamas.
Uno de los dirigentes del radical Frente para la Liberación de Palestina dijo a la AFP que lamentaba que esta «reunión se haya limitado a un festival de discursos».