Estados Unidos, Israel y los países árabes más clave ven el nuevo proceso de paz israelo-palestino, que comienza formalmente hoy, como un baluarte contra el ascendente extremismo islámico.
Aunque recelosas de tratar con Estados Unidos y con su aliado Israel, las autoridades seculares palestinas y la potencia árabe de Arabia Saudita asistieron a la conferencia de paz que patrocinó Estados Unidos ayer en Annapolis, cerca de Washington.
Al hacerlo, se hicieron eco de las mismas inquietudes de sus anfitriones norteamericanos: sin un proceso viable de paz, el difícil vecindario del Medio Oriente caerá todavía más en el extremismo religioso, el caos y la violencia.
«El estancamiento en el proceso de paz ha aumentado la atracción por las ideologías extremistas. Los sentimientos de desesperación y de frustración han alcanzado un nivel peligrosamente alto», dijo el canciller saudí, el príncipe Saud al-Faisal, a los delegados de la conferencia.
«Es hora de terminar con este conflicto, y permitir que la gente de la región desvíe sus energías desde la guerra y la destrucción hacia la paz y el desarrollo», añadió.
«Debemos impedir que nuestra región se deslice hacia la agitación y el caos», dijo al-Faisal, y agregó que «todos los hijos de Abraham» -judíos, cristianos y musulmanes- deberían ser capaces de vivir juntos.
Aunque presionó a Israel a cumplir con las demandas de una iniciativa patrocinada por su país, la mera presencia del príncipe saudí fue un golpe maestro para la diplomacia de Estados Unidos, porque Arabia Saudita nunca había asistido a una reunión de tan alto nivel sobre la paz con Israel.
Y algunas de sus palabras deben haber resonado en el presidente estadounidense George W. Bush y la secretaria de Estado Condoleezza Rice.
Bush dijo que las nuevas negociaciones israelo-palestinas que comienzan este miércoles en la Casa Blanca ofrecerán a los palestinos «una visión alternativa para el futuro, una visión de paz, una patria propia y una vida mejor».
«Si líderes palestinos responsables pueden concretar esta visión, darán un golpe devastador a las fuerzas extremistas», dijo Bush, evocando un estado democrático palestino que «inspire a millones en todo Medio Oriente».
Las autoridades de Estados Unidos se regodearon al señalar que los ausentes de esta conferencia eran Irán y los grupos de línea dura que éste respalda: los chiítas del Hezbolá en Líbano y el movimiento islamista de Hamas en los territorios palestinos.
Al lanzar un nuevo impulso hacia la paz, Estados Unidos quiere que los estados árabes moderados dejen aislado a Irán, cuya influencia ha crecido tras la invasión norteamericana a Irak en 2003.
Rice tocó el asunto de Irán durante un discurso en Nashville (Tennessee, sur), ante una organización judía norteamericana el 13 de noviembre.
«Los extremistas violentos, con el gobierno de Irán cada vez más a la cabeza, están haciendo todo lo que está a su alcance para imponer sus miedos, su resentimiento y sus ideologías cargadas de odio a la gente de Medio Oriente», dijo Rice.
Durante sus discursos en la conferencia, el primer ministro israelí Ehud Olmert y el líder palestino Mahmud Abas ofrecieron una visión similar de lo que movilizaba el terrorismo en los territorios palestinos.
Tamara Cofman Wittes, analista del Centro Saban para Política de Medio Oriente, señaló que el nuevo proceso podría no llegar a buen término porque estaba impulsado por una fuerza negativa, el temor al extremismo.
Valioso a corto plazo, el proceso «crea algo así como un baluarte contra la influencia iraní en el Levante, los territorios palestinos y posiblemente en el Líbano», dijo Wittes.
«Y pone presión adicional sobre Siria para que no se excluya del redil árabe, del consenso árabe a favor de negociaciones israelo-palestinas y que podría conducir a Siria a contener a Hamas y al Hezbolá», añadió.
Una renuente Siria envió a Annapolis a su vicecanciller.