Mito europeo persigue a escritores latinoamericanos


ílvaro Mutis, escritor colombiano, alcanzó la fama gracias a las publicaciones realizadas en Barcelona y Madrid.

Los escritores latinoamericanos logran ser reconocidos sólo si son publicados por casas españolas, una problemática en la que coinciden editores reunidos en la XXI Feria Internacional del Libro de Guadalajara.


En México, Colombia, Venezuela y el resto de América Latina «hay escritores de primer nivel, pero si no se publican en España en un momento dado no explosionan de la manera que deberí­an y podrí­an», lamentó Braulio Peralta, editor de Planeta.

«Es muy difí­cil convencer a un editor de España de publicar a un latinoamericano» porque «España tiene un doble complejo; de inferioridad frente al resto de Europa y de superioridad frente a América Latina», expuso.

«Los escritores latinoamericanos sólo conocemos a nuestros vecinos cuando publican en España», dijo el colombiano Santiago Roncagliolo, integrante del grupo de autores denominado Bogotá 39, todos menores de 39 años y que representan la «generación emergente» de la narrativa latinoamericana.

«Los españoles son en este momento los dueños de la industria editorial y es una realidad que no podemos soslayar», y se debe, entre otras cosas, a que los sellos del paí­s europeo cuentan con «financiamiento gubernamental, apoyo para distribución, la existencia del precio único para los libros que en nuestros paí­ses de América Latina no se ha podido establecer», añadió Peralta.

«Lo que sucede es que las polí­ticas de los sellos trasnacionales transgreden los territorios pero no apuestan por la literatura», prosiguió Peralta.

La editorial Océano se negó por ejemplo a publicar «Como agua para chocolate» de la mexicana Laura Esquivel y lo mismo le sucedió hace 40 años al mismo Gabriel Garcí­a Márquez con Planeta, razón por la que el colombiano se ha negado a trabajar con esa firma, recordó Peralta.

Episodios que siguen presentándose, como le sucedió a los mexicanos «Jorge Volpi y íngeles Mastretta y en Chile a Isabel Allende», ejemplifica.

En el ámbito de las ciencias sociales el problema es el mismo, comentó César Hurtado, director de la editorial La Carreta de Colombia.

«Por qué los libros de latinoamericanos no llegan a España es algo que nadie puede explicar y muy injusto porque el conjunto de los paí­ses latinoamericanos exportamos a España no más del 15% o el 20% de lo que España exporta a nuestros paí­ses», acusa.

«Somos receptores excelentes de los libros españoles, pero posicionar a nuestros autores es muy difí­cil; no creen que los latinoamericanos seamos capaces de pensar la cultura y realidad europeas, pero ellos se sienten con todo el derecho de pensar nuestra realidad», demandó.

Marí­a del Pilar Montes de Ocas, lingí¼ista y editora de la nueva firma mexicana Algarabí­a, añadió a su vez que «España no sólo tiene el monopolio editorial, también lo tiene en lingí¼í­stica porque invierten mucho dinero para decir qué vocablo es válido y cuál no. México, por ejemplo, lleva 45 años tratando de hacer una amplia edición de su diccionario».

Una solución, concluyó Braulio Peralta, serí­a que las editoriales trasnacionales «aprendan a apostar desde sus sedes por autores latinoamericanos y que los autores busquen su internacionalización; lo que los va a salvar es su talento».

En ese punto coincidió el escritor mexicano Gonzalo Celorio. «Los que dicen que los latinoamericanos sólo nos damos a conocer si nos publican en España es porque no han logrado publicar en sus propios paí­ses; es una cuestión de talento».