Bajo la dinastía china Tang (618-907), Dunhuang registró un gran esplendor y se convirtió en punto central de la mítica Ruta de la Seda, pero en este inicio del siglo XXI, esta ciudad histórica está en primera línea de los puntos amenazados por la desertificación en el país.
«Todo va muy rápido, mucho más de lo que yo pueda hacer para pararlo», explicaba Ma Wangzhen, una campesina de 60 años.
A lo lejos, la mujer señala una hilera de árboles, secos y semienterrados por la arena, que ella misma plantó hace algunos años y muestra sus cebollas, a punto de ser tragadas por la duna.
Dunhuang, en la provincia de Gansu (oeste), donde se encuentran las seculares y célebres esculturas y pinturas budistas de las cuevas de Mogao o de los Mil Budas, se enfrenta al avance inexorable del desierto, que gana cuatro metros de terreno cada año.
Según los últimos datos oficiales disponibles, que datan de 2004, el desierto cubre en China 2,6 millones de km2, es decir, un 50% más que hace una década, lo cual es un verdadero problema para el gigante asiático que tiene que alimentar a 1.300 millones de personas.
Es el resultado de centenares de años de cultivos y pastos incontrolados y de una explotación masiva del agua. El gobierno chino intenta responder sobre todo repoblando los bosques pero el calentamiento del planeta complica su tarea, según Li Yan de Greenpeace China.
La desertificación es «ya un enorme problema para China y nos preocupa que el cambio climático lo agrave», explicó esta responsable.
Así, la capa freática de Dunhuang, que antaño era un oasis muy buscado por los viajeros de la Ruta de la Seda, se agota progresivamente, y sus ríos y lagos parecen evaporarse.
«Es una cuestión complicada que muestra que durante mucho tiempo ignoramos el medio ambiente. Ahora, la madre Naturaleza nos castiga», explicó el alcalde Sun Yulong.
Las tormentas de arena, cada vez más numerosas, han acelerado la degradación de los frescos y esculturas existentes en los santuarios excavados en las montañas, patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1987 y gran atracción turística.
Las autoridades de Dunhuang llevan a cabo una política agresiva y restringen la llegada de nuevos habitantes, la excavación de pozos o la instalación de granjas.
En medio de su campo de algodón, Dai Nianzuo, de 64 años, explica que las restricciones de agua han reducido su cosecha y por tanto, sus beneficios, que se redujeron en más del 50%.
«La situación es mala y el gobierno no tiene respuestas», dijo.
Por su parte, Ma Wangzhen espera sacar provecho al turismo y recibir en su casa a los visitantes cada vez más numerosos, pero el gobierno también pone sus límites ahí.
«Necesito dinero para iniciar cualquier cosa y las autoridades no me apoyan. Es un gran problema», concluye.