Intentan salvar histórico aeropuerto


Vista del antiguo aeropuerto de Berlí­n.

Los berlineses comenzaron a movilizarse para impedir el cierre de su aeropuerto histórico, Tempelhof, un colosal edificio de la arquitectura nazi en pleno Berlí­n, gracias al cual los aliados suministraron ví­veres al oeste de la ciudad durante el bloqueo soviético (1948-49).


El 15 de octubre fue lanzado un plebiscito para salvar el aeropuerto, cada vez menos frecuentado (630.000 viajeros en 2006), deficitario desde hace 10 años y objeto de una pulseada entre el Estado federal y la municipalidad para su financiación.

En cinco semanas, 80.000 berlineses firmaron un texto reclamando la continuidad de la actividad aeroportuaria en Tempelhof, aunque Berlí­n tiene otros dos aeropuertos: Tegel (12 millones de pasajeros en 2006) y Schí¶nefeld (6 millones).

Se necesitan 170.000 firmas antes del 14 de febrero para obligar a las autoridades a reexaminar su decisión. El cierre, programado para finales de 2008, confirmado por la justicia, cuenta con el apoyo del Estado federal, la ciudad y la región de Brandemburgo a fin no perjudicar al futuro gran aeropuerto internacional programado para después de 2011 al sur de Berlí­n.

«Tenemos confianza», declaró a la AFP Malte Pereira, portavoz de la asociación ICAT que milita para conservar las operaciones en Tempelhof.

El mí­nimo de 170.000 firmas corresponde al 7% de los votos del electorado berlinés. Si se logra reunirlas, el parlamento regional deberá reabrir el asunto. Y si su decisión no es satisfactoria, podrá ser convocado un referéndum.

El aeropuerto de Tempelhof sobrevivirí­a si en el referéndum votaran a favor 600.000 ciudadanos.

«Una apuesta que no es imposible», según Pereira, cuya asociación recuerda que los neoyorquinos consiguieron alejar los bulldozers de la estación ferroviaria Grand Central Station en los años 70.

Según un reciente sondeo, el 74% de los berlineses está en contra del cierre de Tempelhof, pese a los riesgos y los disgustos de un aeropuerto en plena ciudad y que las pistas son muy cortas para los grandes aviones de hoy.

El aeropuerto es un monumento y un sí­mbolo en el que sus defensores ven asimismo el aspecto práctico de encontrarse en el corazón de Berlí­n.

Edificado bajo el régimen nazi de Adolf Hitler que querí­a convertir a Berlí­n en una «Germania», capital del planeta, el aeropuerto se extiende sobre 386 hectáreas.

Su edificio de 1,2 km de longitud, en semicí­rculo, ocupa el tercer lugar entre los más grandes del mundo en superficie sobre el terreno, después del Pentágono y del palacio de la Asamblea Nacional de Bucarest (Rumania).

«Hace 50 años el puente aéreo salvó a numerosos berlineses del hambre. Hoy los berlineses salvan su aeropuerto», pregona la asociación ICAT.