Siempre hemos pensado que el Gobierno no se paraliza el día de la elección y que deba dejar todas las decisiones al que ha de asumir en el futuro. El mandato de un gobierno termina cabalmente el día señalado por la ley y aunque de hecho se sabe que el poder se diluye y que se va mermando de manera tangible conforme se aproxima el día final, las facultades legales y la responsabilidad de administrar la cosa pública dura hasta el 14 de enero, cuando se produce el cambio de mando de conformidad con el ceremonial preparado para la toma de posesión.
Pero obviamente la opinión pública tiene que estar más atenta, ojo al cristo diríamos en lenguaje coloquial, cuando se trata de gastos de última hora que se realizan en forma apresurada. Porque más vale pecar de desconfiado en esas circunstancias que de permisivos y tolerantes cuando todos sabemos que en gobiernos anteriores se ha aprovechado el último jalón para hacer manejos impropios con los fondos públicos que permitan a los funcionarios dar algo así como el último gavetazo.
Repetimos que no creemos que los funcionarios deban postergar cualquier decisión y lavarse las manos para dejar la pacaya al que viene, pero sí que todo acto administrativo a estas alturas debe ser doblemente escrutado para evitar que puedan ocurrir sorpresas o que alguien pretenda hacer alguna travesura con los dineros públicos. Y ese escrutinio no debiera ser motivo de molestia para los funcionarios que tienen cómo demostrar la probidad de sus actuaciones, sino que debiera ser motivo de tranquilidad porque les permite explicar con absoluta claridad el papel que están jugando al gastar a última hora cantidades millonarias.
De no mediar ese escrutinio, siempre quedaría la sensación de que hubo gato encerrado, mientras que habiendo públicamente discusión y hasta cuestionamiento sobre ciertos contratos, los que están bien hechos y plenamente justificados gozarán del respaldo de la población. Pero indudablemente hay que tener especial cuidado con lo que se hace, porque si hemos visto muertos acarrear basura no podemos pensar que todo ha de ser cristalino porque debemos ser confiados. Los procedimientos no han cambiado, los métodos administrativos son hoy exactamente iguales a los que había en tiempos de Portillo, y por lo tanto hay que airear los temas.
Quien quiera esconder algo y evitar el debate abre espacio para las sospechas, por lo que a la larga es mucho mejor que se pueda hablar de los contratos o adquisiciones que se hacen en este último tramo del gobierno, porque al menos nos dejará a todos con la tranquilidad de que no nos hicimos de la vista gorda por pura complacencia.