Sin chistes ni libretos


Series suspendidas, estrenos postergados, programas diarios de actualidad sin emitirse por falta de libretos… los efectos de la huelga de guionistas de Hollywood, iniciada esta semana, comenzaban a sentirse en la televisión estadounidense.


Con piquetes frente a una docena de estudios e instalaciones de producción audiovisual en Los íngeles y Nueva York, los guionistas lanzaron un paro que amenaza con sumergir a la industria del cine y la televisión en su peor crisis en casi 20 años.

Variety, la publicación especializada en el mundo del espectáculo, estimó que una media docena de series en total deberá suspender sus rodajes en los próximos dí­as, entre los cuales la premiada «Desperate Housewives», «24», «The Office», o «Adventures of Old Christine».

Y es que la mayorí­a de las comedias semanales estadounidenses son escritas en la misma semana de su rodaje, con algunos ’gags’ aportados por los guionistas el mismo dí­a de la filmación.

Por lo pronto, varios «talk-shows» nocturnos, que dependen de guiones escritos en el dí­a, ya cesaron de emitirse. En su lugar, las cadenas divulgaron programas viejos.

«He trabajado con esta gente durante 20 años, sin ellos yo no soy divertido», dijo el lunes el popular presentador Jay Leno, que como su colega en Nueva York, David Letterman y el inmenso equipo de «Saturday Night Live», entre otros, sufrieron el impacto inmediato del paro por tratarse de programas de actualidad.

No obstante, las consecuencias para los estudios de Hollywood no serí­an importantes por ahora, por los planes de contingencia con que cuenta esta poderosa industria, con portafolios de hasta cinco pelí­culas, con guiones suficientemente terminados y que podrí­an servir para llenar el vací­o que genera esta huelga.

La paralización de los escritores, por primera vez en cerca de 20 años, se produjo luego de más de tres meses de negociaciones infructuosas, centradas en las ganancias que se obtienen por la difusión de productos en los nuevos medios tecnológicos, como Internet o teléfonos móviles.

Los guionistas no quieren repetir un error cometido hace casi 20 años, cuando subestimaron lo lucrativo que serí­a el mercado de las ventas de videos hogareños y negociaron un contrato que les da sólo tres centavos de cada venta de pelí­culas.

Ahora exigen un margen mayor de las ganancias de la venta en DVD de programas de televisión y pelí­culas, pero también que se les remunere por las series y pelí­culas distribuidas a través los nuevos medios tecnológicos.

Los escritores reciben el 1,2% de los ingresos de los programas que pueden verse en Internet una sola vez, pero no obtienen nada de los contenidos descargados de sitios Web como iTunes.

«Esta es una guerra contra la codicia corporativa», dijo el jueves a Variety el creador de la serie «Weeds», Jenji Kohan. «Los productores están haciendo montones de dinero, y nos merecemos una participación».

Los productores consideran las demandas del sindicato inviables y demasiado caras; reconocen que las ventas en Internet están aumentando pero argumentan que es muy pronto para decir cuánto.

«Mi intuición me dice que será una larga huelga», dijo a Hollywood Reporter Alan Brunswick, ex asesor de la asociación de productores, estimando que «ambas partes están muy enojadas entre sí­».

No es la primera vez que los escritores están en el centro de la escena. En plena Guerra Frí­a, los guionistas de Hollywood fueron en la década del 50 uno de los grupos más perseguidos por el macarthismo, proceso de delaciones y listas negras contra personas sospechosas de «comunismo» desencadenado por el senador estadounidense Joseph McCarthy.

Entre las protestas, la más significativa fue la de los llamados Diez de Hollywood, todos guionistas, que en 1947 se negaron a declarar sobre sus afiliaciones polí­ticas, por lo que fueron instalados automáticamente en la lista negra. A partir de ese episodio se inició una caza de brujas aún más terrible en Hollywood.

En los últimos años, el sindicato de guionistas corrigió los créditos de un centenar de pelí­culas estrenadas en esa época para incluir a los escritores que habí­an usado seudónimos para poder trabajar.

La última huelga de guionistas fue en 1988; duró 22 semanas y le costó a la industria más de 500 millones de dólares.

Ahora el costo podrí­a ser mayor: el alcalde de Los íngeles, Antonio Villaraigosa, advirtió que el paro podrí­a costar unos 1.000 millones de dólares a la gran ciudad de California.