Rincón LITERARIO



Memoria de mis putas tristes

(fragmento)

Gabriel Garcí­a Márquez

escritor colombiano

Gracias a ella me enfrenté por vez primera con mi ser natural mientras transcurrí­an mis noventa años. Descubrí­ que mi obsesión de que cada cosa estuviera en su puesto, cada asunto en su tiempo, cada palabra en su estilo, no era el premio merecido de una mente en orden, sino al contrario, todo un sistema de simulación inventado por mí­ para ocultar el desorden de mi naturaleza. Descubrí­ que no soy disciplinado por virtud, sino como reacción contra mi negligencia; que parezco generoso por encubrir mi mezquindad, que me paso de prudente por mal pensado, que soy conciliador para no sucumbir a mis cóleras reprimidas, que sólo soy puntual para que no se sepa cuán poco me importa el tiempo ajeno. Descubrí­, en fin, que el amor no es un estado del alma sino un signo del zodí­aco.

Me volví­ otro. Traté de releer los clásicos que me orientaron en la adolescencia, y no pude con ellos. Me sumergí­ en las letras románticas que repudié cuando mi madre quiso imponérmelas con mano dura, y por ellas tomé conciencia de que la fuerza invencible que ha impulsado al mundo no son los amores felices sino los contrariados. Cuando mis gustos en música hicieron crisis me descubrí­ atrasado y viejo, y abrí­ mi corazón a las delicias del azar.

Me pregunto cómo pude sucumbir en este vértigo perpetuo que yo mismo provocaba y temí­a. Flotaba entre nubes erráticas y hablaba conmigo mismo ante el espejo con la vana ilusión de averiguar quién soy. Era tal mi desvarí­o, que en una manifestación estudiantil con piedras y botellas, tuve que sacar fuerzas de flaqueza para no ponerme al frente con un letrero que consagrara mi verdad: Estoy loco de amor.